Ya está bien de nacionalismos
Con la pasada campaña electoral, se reactivó el nacionalismo en Cataluña, con más fuerza, con más agresividad. Y los demás españoles contemplamos el espectáculo sin saber el cómo ni el porqué.
Cataluña nunca fue un estado independiente y, si se pretende un independentismo, no puede justificarse en un pasado histórico frustrado por la violencia española.
¿Sería viable, ahora, una Cataluña fuera de España? Tanto Mas como Durán y Lleida han coincidido en declaraciones periodísticas: “La independencia sería una catástrofe”.
En efecto, su economía se ha desarrollado en un mercado español y, ahora, contando también con el europeo. La separación de España llevaría consigo no sólo la pérdida del mercado en el territorio peninsular sino también el del continente en el que estamos.
Y el utópico ingreso de Cataluña en la Unión Europea ofrecería tantas o más dificultades que las que encuentra Turquía.
Si es así y, parece estar claro, ¡que se dejen de fomentar el separatismo, utilizando el romanticismo de un pueblo orgulloso de superficialidades!
En el Siglo XXI, los nacionalismos no tienen sentido ni justificación. España y casi todos los países europeos han hecho dejación de gran parte de su soberanía histórica para asumir, sin dejar de ser lo que cada uno fue y es, un compromiso económico.
¿Qué pasa y qué pasó en la Nación española? Anticipándonos a Europa, y gracias a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (que incluía a Cataluña), se consiguió una comunidad de pueblos con características diferenciales, con lenguas y formas de vida diversas, que, juntos, fueron capaces de gestas que por separado no las habrían podido ni soñar. Entre otras, las de lograr un desarrollo económico y cultural compartido.
Si, en Barcelona, Tarragona, Lérida, y Gerona, hay muchas gentes que hablan los diversos dialectos y están orgullosos de su bandera, también son muchos los que prefieren hacerlo en la lengua franca común a todos. Pero obligar y multar, restringiendo o intentándolo, la libertad personal, no es compatible en una Democracia, no fascista ni comunista, y no digamos en el ámbito cultural cristiano.
Yo no se si sería posible pero ¿Qué pasaría si la bandera de Cataluña sustituyese a la también roja y gualda de ahora en el estado Español? Creo que el resultado sería, como diría un andaluz, que se les “caerían los palos del sombrero”.
¿Y que ocurriría si la capitalidad de España se traslada a Barcelona? Madrid no siempre lo ha sido…
Todo esto, por igual, podría aplicarse a las demás regiones españolas. Lo que cada una ha logrado, y lo que es, ha sido posible por que estamos unidos.
La experiencia histórica de los países iberoamericanos tendría que revelarnos la peligrosidad del independentismo. Juntos seríamos una potencia universal; por separado, no. Desde Chile a Méjico desde la Patagonia a California, la Constitución Española de 1812, aprobada en Cádiz, reconocía a todos los habitantes como españoles con iguales derechos y libertades. Lo que ha pasado después, mejor es no comentarlo.
¡Déjense de bromas los independentistas y vamos a trabajar todos juntos por seguir adelante y mejorar!
Si hay que modificar la constitución española la bandera y hasta la capitalidad, hagámoslo pero asumiendo todos una responsabilidad, sin amenazas ni chantajes.
Mi madre era aragonesa, de padre andaluz y madre gallega. Estudió música en Barcelona con Felipe Pedrell y fue condiscípula de Mompou. Hablaba catalán y se casó en Barcelona con un Gallego de origen Vasco. Yo no se si fui engendrado en la capital de Cataluña pero nací en Galicia. Mi infancia transcurrió en Andalucía, ingresé en la Universidad de Santiago, leo el gallego y el catalán con facilidad, trabajé en Extremadura y Andalucía pero llevo más de 70 años viviendo en Madrid.
¿De dónde soy? Está claro: Soy sencillamente un español, uno más de las buenas gentes que quieren vivir en libertad.



















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