"Sólo el que manda con amor es servido con lealtad". Francisco De Quevedo

Fiesta de Navidad con La Hermandad de la Vieja Guardia

El día de los Santos Inocentes fue el elegido por la Hermandad para ofrecer a sus miembros y simpatizantes, un vino español para festejar las fiestas Navidad. Como siempre en estas fechas, la sede estaba a rebosar de camaradas y las mesas llenas de viandas… Y como siempre, al final de la jornada, los platos estaban vacíos a pesar de que la Hermandad es generosa en su cantidad. (¡Cómo estaba el jamón! ¡Qué bueno el chorizo y el salchichón ibérico! El queso, las tortillas, las croquetas,… todo riquísimo, ¡cómo para dejar algo en el plato!). Cuando hay comida y bebida, nunca suele faltar gente, pero hay que reconocer que en estas fechas, en la que todos terminamos hartos, no nos mueve tanto el hecho de comer y beber como el pasar un rato amigable y festivo con los camaradas.

Uno de ellos llevó su guitarra y otros dos o tres aportaron sus voces. Al principio la gente de la sala se les quedó mirando un poco incrédulos. ¿Qué estaban cantando? ¿Villancicos?… ¡Sí, eran villancicos! Y poquito a poquito el coro de voces fue aumentando hasta que lleno todo el salón y hasta el más vergonzoso cantó. Campana sobre campana, y sobre campana una… Fuera, en la calle, puede que se pierdan las tradiciones, pero las almas falangistas no están dispuestas a renunciar a ellas: Navidad sin villancicos, no es Navidad.

Los pesados de la Biblioteca vendieron los 200 boletos de su clásica rifa, y aprovechando que era 28 de diciembre, los premios se escondieron tras unos muñecos de inocente: 7 lotes compuestos principalmente por libros (políticos y novelas) y cuadros donados por el pintor Paco Coma. Además uno de los lotes contó una buena botella de Rioja y otro par de ellos con una fotografía de José Antonio. Mención aparte merecen los 2 premios inocentes: un premio en metálico de 200 monedas de ¡1 céntimo! (eso si, en una preciosa bolsita de bordes y cierre dorados), y otro sorpresa envuelto en papel del regalo…¡un cartón de leche! (pero de marca, que conste).

Y siguiendo la rutina de años anteriores, los bibliotecarios hicieron la pelota al jefe, Carlos Batres, regalándole una botella de exquisito Oporto. Batres acogió con alegría el regalo pero también con el gesto “que querrán sacarme estos…” (porque algo quieren, seguro). También tuvo regalo especial Santiago Fernández Olivares, creador de la Biblioteca: un álbum con las fotos de la presentación de su libro “¿Quién mató a José Antonio?”, en Madrid y Albacete. Y el regalo de la Constancia fue para Consuelo “la vasca”, cuyo afán de limpiar cajones nos pone a veces nerviosos pero que, todo hay reconocerlo, cumple su compromiso con la Hermandad y está allí para lo bueno y lo malo, mientras otros se quedan en casa.

Navidad del 2010: una Navidad más compartida en entrañable camaradería.

http://www.viejaguardia.es/

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