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Esta es la carta por la que el recién Rey Juan Carlos rogó y encareció al Abad del Valle de los Caídos que inhumase en la Basílica los restos de Franco, con indicación precisa del lugar en que había de hacerlo.
Fue el Rey quien hizo la solicitud de que los restos de aquél a quien debía el trono recibieran entierro en el Valle y, leyendo su carta, parece que no habría que exhumarlos sin su consentimiento y solicitud.
¿Consentirá el Rey? ¿Solicitará la exhumación? No es fácil saberlo. Pero es momento de recordar el aserto que se atribuye a Chateaubriand: «La ingratitud es oficio de reyes. Pero los Borbones exageran».










