Continuamos con el capítulo intitulado La fascinación por la URSS, página 119, apartados Las siguientes visitas a Moscú, página124, y La victoria de la URSS: del Frente Popular a la guerra civil, página 127. En el primer apartado se puede leer:
Es posible que las visitas giradas a la URSS durante los años inmediatamente posteriores a la revolución adolecieran de una cierta ingenuidad, aunque ya hemos visto que no fueron pocos los que manifestaron un decidido rechazo a la revolución. Pero, en los años treinta, el volumen de quienes viajaron a la Unisón Soviética se incrementó considerablemente; para muchos, se convirtió en una especie de rito iniciático a través del que se alcanzaba la mayoría de edad progresista.
La nómina de los que desfilaron por la capital de la revolución mundial es ingente, y resultaría prolija su simple enunciación, pero bastará con apuntar nombres como los de Barbusse, Malraux, Alberti, Roland, Aragón,Gide, el matrimonio Webb, Shaw, Muggeride, H.G. Wells . . . una buena parte de la intelectualidad europea, a la que de pronto se desvaneció su, en otras ocasiones tan acusado, sentido de la justicia. La mayoría volvía plenamente convencida de que había atisbado el paraíso terrenal. El caso de nuestros revolucionarios no fue distinto.
Poco después del triunfo del Frente Popular, en marzo de 1936, miembros de las Juventudes Socialistas y de las Juventudes Comunistas viajaron juntos a Moscú con el propósito de recibir sugerencias acerca de la unión de ambas organizaciones. El mismo Carrillo lo admite abiertamente en sus “memorias”.25 Cuatro de las personas más prominentes de ambas juventudes hicieron la habitual ruta “Potemkin” una vez llegados a la URSS 26 . Les mostraban una Unión Soviética que no existía, tras aislarles en sus hoteles y bajo la dirección de guías del partido. El impacto estaba asegurado: se visitaban las fábricas modelo, en las que almorzaban junto a obreros previamente escogidos , se giraba visita a algún teatro de postín, se presenciaba algún desfile tras una exhibición cuartelera de poderío soviético, se acudía a conferencias en las que no faltaba traducción simultánea, episodios abundantemente regados con alcoholes del país y tras ingerir una cantidad de comida inconcebible para un occidental.
Y todo ello en un ambiente de felicidad radiante. Los guardias sonreían, los camareros se mostraban amables y solícitos, la fraternidad era una sensación omnipresente, el caviar desbordaba la mesa. Resistirse, en tales condiciones, era básicamente una descortesía. Se trataba no sólo de un soborno material, sino de un condicionamiento psicológico. Las sugerencias de los anfitriones, realizadas en un marco de completa camaradería, eran admitidas con naturalidad por los huéspedes 27.
Los cuatro españoles, dos por cada organización, que se dieron cita en Moscú vivieron todo esto y, para finalizar, fueron presentados a Dimitrov y Manuilski, los dirigentes de la Internacional Comunista. Fueron despedidos por tan altas autoridades después de un colosal banquete moscovita.
La impresión que sacaron del paraíso comunista no pudo ser más concluyente. Jóvenes revolucionarios, impresionables y convencidos de antemano, vieron lo que deseaban ver. Probablemente, e increíblemente entusiasmado relato de su viaje era subjetivamente cierto.
25.- Santiago Carrillo: Memorias, Planeta, Barcelona 2008, p.181
26.- Potemkin, primer ministro de Catalina la Grande, preparaba minuciosamente los viajes de la zarina por toda Rusia, de modo que ésta visitase las zonas que resultasen más propicias. Los viajes de la zarina eran preparados con esmero, aunque para Catalina todo era espontáneo y casual. Potemkin llegó a erigir en el horizonte pueblos que no existían, simples dibujos que desde lejos semejaban poblaciones auténticas.
27.- José Javier Esparza: El libro negro de Carrillo. Libros Libres, Madrid 2010, p.71. Por nuestra cuenta añadimos que este libro ya ha sido comentado en nuestra sección “Comentario de libros”.
En el segundo apartado, La victoria de la URSS: del Frente Popular a la guerra civil, leemos:
La unificación de las juventudes y la constitución de la JSU, fue el primer paso para la culminación del proyecto diseñado por Moscú para la absorción del socialismo español. La causa de la unidad marxista era tan popular que nadie la ocultaba. El propio Carrillo admitía indisimuladamente tanto las consignas que había recibido de Moscú como la orientación de las mismas: “. . . el viejo bolchevique (Manuilski) nos decía que lo importante ahora para el movimiento de unidad y para todo el curso de la revolución española es que la tendencia que encarna Largo Caballero triunfe en el seno del Partido Socialista” 33.
33.- Claridad, 9 de abril de 1936.
Continuará
Enviado por Luis David Bernaldo de Quirós Arias.










