Acaba de darse a conocer el decreto aprobado por el gobierno Rajoy sobre la nueva normativa laboral que supone un recorte esencial de los derechos de los asalariados españoles. Desde la transición democrática la normativa laboral española ha ido reduciendo significativamente los derechos fundamentales de los trabajadores, que procedían del estado social franquista y que debían parte de su esencia a la doctrina mussoliniana de la Carta del Lavoro (1927). Pero ya se sabe que todo lo que procede del fascismo es intrínsecamente perverso y reaccionario.
El despido injusto no solo supone una lesión de los derechos de los trabajadores sino una herida profunda en la autoestima, moral y psicología del trabajador. Su derrumbamiento personal y social tiene dimensiones imprevisibles y generalmente irreversibles. Hace ahora justo diez años sufrí en mis propias carnes el zarpazo del despido. DE UN DIA PARA OTRO, me convertí en un incompetente sobrevenido. Como si hubiese contraído una enfermedad incurable. Era un apestado. ¿Cómo se puede uno ya presentar a tu familia, a los demás con esa etiqueta en la espalda ¿. Con ese estigma semejante al que los judíos en el nacionalsocialismo, llevaban prendido en el brazalete de su vestimenta. Tras de mi despido vinieron los de otros muchos compañeros de claustro universitario. Se trató de una auténtica purga.
Todo despido empieza con una cita o carta inesperada que debe recogerse ante el director de personal de la empresa. Siempre te piden firmar el finiquito con veinte días. Muchos lo hacen en ese momento y luego es más complicado reclamar ante los tribunales del trabajo (herencia del franquismo social). Yo no lo hice. Fui a los tribunales y tras dos años largos logré la máxima indemnización legal.
Lo más triste y repugnante de todo esto es ver en el juicio posterior a tus jefes, acompañados de los compañeros pelotas (que aspiran a quedarse con tu hueco y las posibles prebendas) y que antes estaban sentados a tu lado, para testificar contra ti y redactar (a posteriori) los falsos informes que hagan falta para justificar lo injustificable. Se substituye la excelencia por la docilidad, la juventud, la rentabilidad económica. También es necesario reconocer que hay compañeros de trabajo que siempre están dispuestos a ayudarte y a declarar a tu favor la verdad.
Esa actitud ruin, capitalista, tramposa… sería normal cuando se trata de una empresa al uso. De esas caricaturas que tantas veces hemos visto en los medios de comunicación. Pero cuando la empresa en cuestión se ufana de propagar la doctrina católica, apostólica y romana. Cuando alardea y usa profusamente su acción católica, no parece casar demasiado con sus postulados. ¡! Que distinto el ambiente académica y de hermandad que teníamos profesores y alumnos en los ochenta, en la Escuela Universitaria San Pablo CEU ¡! (creada en la posguerra entre los escombros del frente de la Ciudad Universitaria madrileña). Cuando en 1993 se transforma en Universidad San Pablo, parece que se produce un cambio de rumbo. Más tecnocrático, menos humano, menos solidario. La rentabilidad sustituye a la hermandad universitaria, a la auténtica Alma Mater del viejo CEU, del venerable Colegio Mayor San Pablo…
Cuando eres injustamente despedido, a pesar de que ganes el juicio y recibas una buena indemnización económica, toda acaba para ti. ¿De que han servido las licenciaturas, currículo, doctorado, las buenas evaluaciones de tus alumnos, tus publicaciones, investigaciones, congresos, el dejarte la piel por el prestigio de tu empresa?…después de mas de quince años de docencia universitaria, tienes que empezar de nuevo. Si estas cerca de la edad de jubilación, vas al paro dos años y lo mejor es prejubilarte anticipadamente.
Han transcurrido DIEZ AÑOS de mi despido laboral. Todavía espero que el ex. Ilmo. Sr. Decano de Humanidades de la USP (Sr. L. E. Togores) se digne recibirme y darme una explicación convincente de los auténticos motivos que provocaron mi despido improcedente. Supongo que un reciente colaborador de esta web joseantoniana, debe saber perfectamente todo lo que realmente ocurrió.
De todos modos el daño moral y psicológico es irreversible. Mi traje académico, mis condecoraciones, siguen guardadas en mi armario. Mi conciencia está tranquila. La de otros, (que además se decían camaradas) no lo se. Espero que esta reflexión sirva para que algunos con poder sobre otros, se lo piensen dos veces antes de tomar una decisión injusta y traumática.












hace ya algun tiempo refleje un escrito de lo que yo veia en la San pablo, habian despedido de El rotativo ha un buen amigo y el me dió la razón. desde que los patronos cobran todos el consejo rector de la San pablo es un organo colegiado y adocenado de quien te paga.
la santa hermandad solo se cumple por unos pocos. De hecho Luis E. Togores ya no esta en ese puesto, le hicieron la cama, hechando a sus apoyos y al desvinculandolo de la dirección docente, primero obligas a hechar a los tuyos para que cuando pudieras necesitarlos no los tengas, la estrategia les salió perfecta. Te suena la Junta rectora ha decidido no renovarte, esto le paso a gustav y el le respondió la junta no, tu eres el que me hechas…
Ellos si tienen una hoja de ruta predeterminada y nosotros nos mordemos entre nosotros. Cuando el carliston se quede sin el apoyo de los azules, la panzer y los suyos se lo comeran…
Con evidente error de apreciación, desde nuestro Misión-órgano del Frente de Estudiantes Sindicalistas- consideramos el fracaso del Opus Dei porque ni santificaba a la sociedad, ni santificaba a sus miembros ¿Y el mundo azul? ¿Han llevado sus hombres a la práctica los postulados de hermandad y consideración del trabajo de los fundadores de la Falange o por el contrario se han convertido cuando han podido en mercaderes al uso? De tu texto, Lorenzo, la conclusión es clara. Trabajo ninguneado por una incompetencia sobrevenida (y que debió ser repentina). Los Tribunales consideraron que no, pero…
Y quiero que sepas que te entiendo, que aquella humillación continúa, a lo que se ve, en tu tiempo y te seguirá acompañando “… con piel y con sudor y lágrimas humanas congeladas”.
Un abrazo.
TU si , y algunos otros camaradas ( Chillón, Bush…), demostrásteis sobradamente en aquella ocasion el axioma de la SANTA HERMANDAD DE LA FALANGE. Lo que mas me dolió fue el haber creído muy erroneamente, que en aquella institucion (USP) estaba entre amigos y especialmente de algunos que se decían camaradas. Por ello me confié en mis juicios y apreciaciones sinceras sobre muchos temas. No me dí cuenta que allí, entre mis propios alumnos tutelados había espias. Estaba montado un auténtico servicio de delacion que informaba a la autoridad académica de todo lo que yo decía y comentaba. Desprecio absoluto a la libertad de cátedra universitaria. Métodos repugnantes de la peor calaña.
Aunque lloro amargamente al recordar todo esto, para mi resulta ser una CATARSIS al modo griego.
Un fortísimo abrazo AMIGO y CAMARADA.