"Normalmente, cuando las personas están tristes no hacen nada. Sólo lloran sobre su condición. Pero cuando están enfadados, provocan el cambio". Malcolm Little Norton (Malcolm X)

BENDITA EDAD DE LA INOCENCIA

Por Jesús María Zarco.

Que los más jóvenes practiquen algún tipo de deporte tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro está. Innumerables éstos, si aún no se han emancipado. Entre aquéllas destaca sobre todas las demás la excelente forma física que una actividad deportiva, bien orientada y prolongada en el tiempo, puede aportar al practicante; y entre los inconvenientes un sinfín de calamidades que sería largo enumerar. A fuer de ser concisos, se me ocurre destacar, entre otros, el sablazo a la cartera que sufrirán los progenitores como a la criatura le dé por practicar el alpinismo extremo, el buceo submarino en arrecifes de barrera, la equitación, el paracaidismo, la caza mayor, la vela transoceánica, o por participar en cuantas competiciones de degustadores de percebes que en las Rías Altas se puedan convocar.

Reconozco que para un artículo el párrafo anterior no es un buen comienzo, pero si a continuación informo al lector que el otro día mi sobrino pequeño (lo de pequeño es un decir, porque el angelito es, además del único varón, un bigardo de 1,85 cm de estatura, que calza un número 46, que tiene dieciocho años de edad y capaz de comerse él solito a San Juan Ladeado por los pies, con la correspondiente hogaza de pan untada en la salsa), quizás sirva como punto de partida. O no, a vuestro criterio lo someto.

El caso fue que el chaval me vino a casa el domingo pasado valiéndose de dos muletas para evitar apoyar el pie derecho en el suelo, ortopédico soportes ganados a pulso tras haberse perjudicado seriamente el menisco mientras hacía el animal durante un partido de baloncesto. Menos mal que a la criatura le ha dado por ahí, porque si le hubiera dado por el vuelo sin motor, el parapente, o el puenting, con los antecedentes de lesiones deportivas que tiene el mozo, mi querida cuñada estaría en un perpetuo sin vivir: la mayor parte de los días no podría pensar en otra cosa; el resto del tiempo, en nada más. Es lo que tiene ser el ojito derecho de mamá, que uno no puede saltar al vacío sin que ella sufra un ataque de pánico.

Sentados a la mesa, a los postres, ante una magnífica fuente de porcelana repleta hasta los bordes de arroz con leche fresquito, se me ocurrió preguntarle por su último examen de Historia. En qué hora. Muy sucintamente, el chaval me vino a decir algo así como que el temario del examen comprendía desde el advenimiento de la Segunda República Española hasta la llegada de la democracia. Para mí lo hubiera querido, en su momento. El profesor, rojete perdido según me confesó al concluir la explicación (el colegio religioso que esté libre de pecado que tire la primera piedra), les proyectó como soporte y única pregunta del examen una diapositiva, en la que se veía, en la plaza de La Encarnación de Sevilla, a un muchacho de unos quince años vestido con camisa azul y con el brazo en alto. Una hora después los alumnos hubieron de entregar dos folios completos con una redacción sobre el significado de la instantánea.

Picado por la curiosidad, quise saber el contenido de su redacción, así como los de sus condiscípulos, si es que él los sabía. Y los sabía, vaya si los sabía. La redacción de mi sobrino, resumida en dos pinceladas: rigurosidad histórica y concisión. ¿Qué significaba la camisa azul que vestía el muchacho? ¿Qué era el símbolo que la camisa llevaba cosido en el bolsillo izquierdo? ¿Cuál era el origen del saludo a la romana? ¿Quien había sido el fundador de Falange Española? ¿Por qué, dónde y cuándo había sido fusilado José Antonio? ¿Cuáles habían sido los hechos más significativos de la II República? ¿Cuál fue el desencadenante de la Guerra Civil? ¿Quién había sido Francisco Franco? ¿Cuál había sido su participación en la guerra? ¿Cuándo se había producido el cambio de régimen? Bueno, si el profesor era justo y mi sobrino se había cuidado de ser todo lo políticamente correcto que los tiempos requieren para aprobar un examen que va ser corregido por un profesor chachi piruli y progre, le participé que el aprobado estaba asegurado. Otra cosa distinta sucedería con las notas de algunos de sus compañeros, entre cuyas redacciones caben destacar las siguientes insensateces: José Antonio Primo de Rivera fue fusilado el 15 M. Falange Española fue un partido político de origen marxista-troskista. Falanje Española de las YONS fue ilegalizada tras la muerte de Franco. Antes de convocar elecciones generales, el rey expulsó de España a todos los franquistas menos a un duque abulense cuyo nombre ahora no recuerdo aunque el otro día escuché en la televisión que todavía vivía aun padeciendo Ácélimer. Etcétera. Respuestas todas ellas dignas de figurar en letras de oro en la edición definitiva de La antología del disparate.

Que mi sobrino, sus condiscípulos y yo pertenecemos a generaciones distintas está más claro que el agua. Si nos atenemos a las tres décadas que nos separan, la diferencia es abismal. ¿Pero somos distintos? Rotundamente no. Un anciano chino dijo una vez que la naturaleza humana manifiesta una implacable tendencia a engordar pero no cambia. Tenemos las mismas ambiciones, los mismos hidratos de carbono, los mismos genes, los mismos sueños. ¿Entonces cuál es la diferencia? La diferencia reside en la educación. Cuando yo iba a la escuela recitaba la lista de los reyes visigodos católicos de carrerilla. Entonces podía recitarla por orden cronológico y ahora, también: Recaredo, Liuva II, Witérico, Gundemaro, Sisebuto, Recaredo II, Suínthila, Sisennando, Kníntila, Tulga, Khindasvinto, Khindasvinto y Recesvinto, Recesvinto, Wamba, Ervigio, Egica, Egica y Witiza, Witiza y Rodrigo. ¿Por qué la lista de los reyes visigodos católicos y no la de los del reino tolosano o del reino arriano español? Yo no lo sé, preguntádselo a Dña. Martina, si vive y tenéis ocasión.

¿Qué queda de aquella enseñanza? Casi nada, porque todo tiene su tiempo. Todo pasa. Al invierno le sigue indefectiblemente la primavera y al verano, el otoño. A nosotros nos decían: «Nada hay más importante que Dios, porque Dios es el Creador de todo». Ahora todo es relativo: Dios, la Patria, la Historia, la moral, el Derecho, la religión, la identidad sexual del individuo, son conceptos “discutidos y discutibles” que dependen del criterio de cada cual. Allá cada cual, parece ser la premisa de los tiempos modernos. De los buenos juristas, de los buenos filósofos, de la mentalidad lógica (el bien frente al mal, la luz frente a la oscuridad, la justicia frente a la perfidia, el individuo frente a la masa), hemos pasado a la mentalidad relativista y matemática. Pero el relativismo y los números no son lógicos. El relativismo es un contrasentido en sí mismo y los números son números.

Y hete aquí que desde el domingo pasado, cuando Carlitos vino a casa apoyándose en dos muletas, vivo con la esperanza de que la idiocia no se asiente definitivamente en la mentalidad de los jóvenes españoles, porque de no ser así más nos vale a todos que Dios nos pille confesados.

2 respuestas a BENDITA EDAD DE LA INOCENCIA

  • J.C. dice:

    Hoy he disfrutado leyendo este artículo. No todo van a ser debates desabridos e infructuosos. Yo no sé hasta qué punto lo de saberse de memoria la lista de los reyes visigodos católicos tuviera mucha utilidad; tampoco el porqué hube yo de aprenderme con once años todos los pueblos de las provincias españolas (aún recuerdo los nombres de los “cabezas de partido” de varias provincias). Igual pasaba con los ríos y sus afluentes, por ejemplo. Si además el profesor era oficial de Correos o Telégrafos, con más razón. También recuerdo aquellas largas sumas que resolvían de carrerilla algunos adolescentes frente al encerado o pizarra, armados de la tiza que escribía los resultados a toda leche.

    Ahora le preguntas a algunos universitarios por un solo afluente del Ebro, los nombres de algunos pueblos de Ciudad Real (“Ciudad Real y Puertollano, Valdepeñas y Daimiel, Herencia, Alcázar y Almagro, Manzanares y Almadén”, ¿cómo lo ves, Jesús?), la lista de los Austrias (por no complicarlo tanto como tú), qué pasó el 2 de Mayo de 1808, etc, y podríamos encontrarnos con respuestas sorprendentes. Un servidor, por poner un ejemplo, se esfuerza en hacer sumas, restas, multiplicaciones, divisiones y tantos por ciento con papel y bolígrafo; nada de calculadoras, que te dejan gilipollas y terminas por olvidar la tabla de multiplicar.

    Al ver el título de tu artículo me puse a leerlo pensando que hablarías de la “inocencia”. Pero no: escribes sobre la “edad de la inocencia”. Y es que durante años me dolía yo de aquello que dijo José Antonio sobre que la inocencia no se recupera una vez perdida, al contrario que la gracia, que se recupera por el sacramento de la penitencia. Y así anduve apesadumbrado durante décadas, dándole la razón a José Antonio por mi propia experiencia personal. Hasta que leí a Teresa de Lisieux. ¡Qué alegría!: la inocencia se puede recuperar, y Teresita me enseñó cómo conseguirlo. Creeme, querido Jesús Zarco, que es la única vez que he revisado a José Antonio, y lo he hecho encantado. Él tambien lo estará ahora porque ya contempla la Faz de la Inocencia misma.

    Tengo que leer primero los títulos de los artículos. El contenido del tuyo es también muy interesante, y magníficamente escrito como siempre.

    Un abrazo, amigo mío.

  • Gabriel García dice:

    Pues mucho me temo que la idiocracia no sólo se ha asentado en la mentalidad de los jóvenes españoles, sino que además actualmente resulta ser casi incurable.

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