“Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad.” Gandhi

Por qué discrepo con las últimas declaraciones del presidente de la patronal

Por Gabriel García.

Imagino que todos aquellos a los que nos preocupa la situación por la que pasa España más allá de ocasionales comicios electorales o recortes del Gobierno ya habrán tenido conocimiento de las recientes palabras de Juan Rosell, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). A continuación quiero mostrar algunas de sus declaraciones recogidas en ese medio capitalista y liberal disfrazado de conservadurismo (cuando no de tradicionalismo en las ocasiones en que le conviene) que responde al nombre de La Gaceta: “Hace unos años, en España teníamos un paro del 8% y los empresarios intentábamos contratar trabajadores y prácticamente no teníamos oportunidades de contratar. Entonces abrimos las puertas al exterior y durante una serie de años entraban en España cada año alrededor de 500.000 o 600.000 no nativos. Eso fue un problema y hoy, visto en perspectiva, se ve claramente”.
Entre todos lo hicimos mal. Por tanto, ahora va a ser difícil esa recuperación con más incremento del empleo, aunque no hay que olvidar que España en este siglo es el país de Europa que más empleo ha creado, a pesar de la destrucción de empleo de los últimos tiempos”.
“¿Cuántas familias en España se han endeudado más de la cuenta? ¿Cuánto crédito de más se ha pedido en las familias, en las empresas, en el Estado, en las autonomías, en los ayuntamientos…?. Parte de culpa tenemos todos, algunos menos que otros, pero todos estamos aquí porque entre todos hemos querido”.
Cuando pides un crédito y te dan tantas facilidades es culpa de todos, de quien lo pide, de quien lo da y de quien tendría que regular esto y estar al quite”.

Ahora resulta que, en palabras de este señor, la inmigración sí se ha convertido en un problema para los españoles desde el punto de vista laboral. Quienes, según nos dijeron, pagarían nuestras pensiones y se ocuparían de las labores desatendidas por los trabajadores patrios son señalados por los mismos que aprovecharon para reducir los salarios como parte del problema económico de España.Nunca he compartido ni apoyado los postulados inmigracionistas del régimen demoliberal, pero esto me resultarían divertidas las palabras de Juan Rosell de no ser porque las personas que, en determinados momentos de su vida anteriormente, pronunciaron semejantes proclamas fueron calificadas casi como un “peligro público” por parte de los buenistas idólatras de la democracia liberal.
Una cosa quiero dejar muy clara: defender los derechos de los españoles a un trabajo puede realizarse sin caer en la xenofobia gratuita (el odio al extranjero por serlo). Y me gustaría comentarle al señor Rosell, aunque sé muy bien que no lo leerá, que fueron muchos empresarios quienes se aprovecharon de la burbuja inmobiliaria para contratar a una enorme cantidad de inmigrantes con la cual reducir en salarios y aumentar sus beneficios económicos. ¿Es que la perspectiva que le hace ver a los inmigrantes como un problema no le hace ver igual que los empresarios que se aprovecharon de la situación de esa gente son culpables en un grado bastante alto de responsabilidad?
Un problema que tiene el hablar de inmigración es que la gran mayoría de la gente se pone muy nerviosa y tiende a buscar los argumentos que le hagan quedar mejor a ojos de los demás. Yo, por mi parte, para este asunto tengo una respuesta muy simple: cada persona ha de tener aquello que se gane con su trabajo, independientemente de su nacionalidad, pero no puede tolerarse que haya quien aproveche para reducir salarios en perjuicio de los trabajadores nacionales con la excusa de que los extranjeros exigen menos remuneración. Desde luego, una cosa ha quedado muy clara de todo esto: las autoridades han sido incapaces de establecer una política migratoria que garantizara lo mejor para los empresarios y los trabajadores, tanto nacionales como extranjeros.

Una vez tratado el asunto de la inmigración, tampoco está de más observar la opinión que el presidente de la patronal española tiene de la postura adoptada por los españoles en los años previos a la crisis económica (la que sufrimos ahora, porque irnos al tema de que el capitalismo es una crisis perpetua es otro asunto más engorroso y complejo).No vamos a negar que hubo muchísimas personas que vivieron como si nunca tuvieran que llegar al día siguiente, como si toda su vida fuera una sola noche de juerga que no tendría fin… Pero, de tanto trasnochar, hubo quien se encontró, resacoso y despelotado en cama ajena, con la triste realidad: sin uno sólo de esos maravillosos euros que supuestamente nos iban a igualar con nuestros vecinos europeos.
La gente, la masa, sólo hizo aquello que le indujeron los medios de comunicación al servicio de los poderosos y sus instintos más primarios: derrochar; el sistema económico, con una tara perpetua de deuda, no admitía más ensalzamiento y fomento que el del derroche… y así pasó lo que pasó. Y ahora resulta que todos somos culpables y, según los políticos y los banqueros, entre todos nos toca “tragar” y apretarnos el cinturón… aunque, como siempre, son algunos más que otros quienes se ven obligados a tragar y a apretarse el cinturón, pero por el cuello sobre todo.
Siempre, aunque supuestamente todos lo suframos; siempre pagan los mismos. ¿Acaso van a pagar los bancos por haber creado la deuda que nos ha dejado en cueros? No, los bancos son rescatados por el Estado, dirigido por la clase política. ¿Y la clase política? ¿Va a pagar la clase política por sus “pecados”? No, ahí siguen con sus privilegios sociales obtenidos en nombre de la representación y legitimidad otorgada por el pueblo español… En resumen, parece que los errores cometidos por todos van a ser pagados por los mismos de siempre, aunque éstos sean, en proporción con los demás, menos responsables que los otros.

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