España en suspensión de pagos

CIIIª Parte)
Mientras Cabalgamos / La columna de José Cabanas
Se cumplen ahora cinco años del estallido de la crisis financiera que ha cambiado por completo las estructuras de las economías nacionales y sus relaciones a nivel mundial. El mapa global ha sufrido una transformación tan profunda que hoy ya se afirma que nada volverá a ser como entonces.
Un año antes, en el verano de 2006, cuando todos pensaban que estábamos en el tramo alto del ciclo económico, los expertos bien informados ya sabían que estaba a punto de declararse una crisis económica y financiera de dimensiones impresionantes, de una magnitud sólo comparable a la del crack de 1929, que arruinó la economía de los EE.UU. y que provocó una auténtico cataclismo a nivel mundial.
Efectivamente, tuve noticias de esta crisis de dimensiones tan formidables en Junio (o Julio) de 2006. Por casualidad. Y porque pensaba a menudo que no había conocido un periodo tan largo de crecimiento de la economía. Yo contaba desde finales de 1997, cuando empezamos a notar el movimiento en los polígonos industriales del suroeste de Madrid, “indicador” que no había fallado en las dos crisis anteriores y en sus consiguientes recuperaciones.
En la del 79/80 cayó estrepitosamente la actividad: cierre de naves, desaparición visible de vehículos de transporte, sequía de pedidos e impagos de facturas por doquier, con los Bancos cerrados al crédito y embargando. En los años 85/86, se produce el proceso contrario: apertura de naves industriales, con nuevos negocios, número de vehículos de transporte de mercancías en aumento rápido, crecimiento de la cartera de pedidos, mejora en los pagos a proveedores y apertura del crédito bancario.
La segunda gran crisis empezó a mediados del 91, se manifestó brutalmente en el 92, entre fastos y despilfarros sevillanos, mientras Barcelona vivía los Juegos Olímpicos. De nuevo quebraron miles y miles de empresas; creció el paro hasta cifras desconocidas; el Gobierno de Felipe González nos colocó en un déficit público en torno al 6%, y así –como decían Velarde, Tamames y otros conocedores de la cosa económica- no hay quien viva, es decir, no hay economía que se recupere, crezca y genere puestos de trabajo.
Pero llegó Aznar y puso a José Barea al frente de la oficina del presupuesto, osea, le dio la llave de la caja. A los ministros que le pedían unas pesetas para ir haciendo frente a los gastos de sus departamentos, se cuenta que les mandaba directamente a hacer puñetas, o en el caso del vicepresidente Rato, por tener una deferencia con el segundo del Gobierno, le gritaba ¡no!, al tiempo que le colgaba el teléfono sin solución de continuidad. Había patrimonio del Estado, empresas públicas de gran valor, que no dudó en poner en el mercado y hacer caja. Y así, a golpe de genio (talento y autoridad), el Profesor Barea le puso a Aznar en bandeja la entrada en el Euro y aquello que se llamó el “milagro español”. Que consistía sencillamente en apretarse el cinturón todo el mundo, empezando por la Administración, cortar la sangría del déficit público y crear las condiciones objetivas para que los españoles solitos, con su sacrificio y esfuerzo personal, sacaran al país del seol en que lo habían dejado los de la mamandurria de entonces: Felipe, Guerra, los sindicatos oficialistas y sus clientelas correspondientes.
Todos los españoles a una fueron la fuerza que levantó el país de la postración económica, del paro y de la resignación a ser siempre el farolillo rojo de Europa. El diferencial de riqueza y de bienestar con Europa invirtió su sentido de forma insospechada, tanto por el crecimiento económico como por la creación de puestos de trabajo (dos de cada tres empleos creados en Europa eran españoles).
Pero se pasó de la filosofía de vida del hormiguero a la de las chicharras. Ese gran camelo de la política española que fue Solbes se jactaba de seguir con la política económica que tan buenos resultados había traído con los anteriores gobiernos de Aznar. Pero ahí ya estaba mintiendo. Las grandes y largas etapas de crecimiento necesitan, inexcusablemente, revisiones, ajustes y reformas. Así lo hicieron, a principio de los 2000, Francia y Alemania, que llegaron a sobrepasar el límite de déficit del 3% del PIB, mientras aquí algunos insensatos e ignorantes se jactaban de lo bien que nos iban las cosas en España mientras los grandes de Europa se apretaban el cinturón, hacían reformas, aplicaban ajustes y revisaban sus políticas de futuro. Las chicharras que se burlaban de las hormigas. Las tonterías que hubimos de escuchar están en la memoria de todos. Y el desastre al que nos han conducido está expresado en dos simples cifras: déficit público del 8,9 % y 5.400.000 parados. Todo lo demás es pura pirotecnia para despistar o aturdir con el ruido de petardos y cohetes a los sufridos españoles, a los que nos tienen por tontos de baba y pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino. Tal es el concepto y el desprecio que los de la mamandurria han sentido siempre sobre la ciudadanía harta de pan y de circo, como si aquí no hubiese cambiado nada desde los tiempos de las corridas televisadas del Cordobés y de las Copas de Europa del Real Madrid. Siempre he dicho que los del PSOE son muy parecidos a los del Movimiento: desde la Secretaría General a la Delegación Nacional de Sindicatos (U.G.T., para estos tiempos).
¿Qué hacer? ¿Cómo poner orden en la casa de los españoles y salir así todos adelante? En las últimas elecciones generales los españoles le han dado al PP la mayoría absoluta, con la esperanza de que se repitiese el “milagro” de finales de los 90. Pero -¡ay!- Rajoy tiene menos determinación que una ameba. Y ha pasado de un programa imposible, porque la famosa herencia es un campo de minas del todo impracticable, a una política de movimientos por impulsos, como las amebas. No tiene ritmo ni tiene norte. Ha perdido los principios; y ni idea de los finales. Ahí le vemos: balbuceante, más asustado que siete viejas, ninguneado por los rubios del norte (los dueños de nuestra deuda y de nuestras vidas), no sabemos si acompañado (o abandonado) del favor de la Corona; amenazado y acosado por una oposición variopinta que se la tiene jurada, y que va a por él y a por su Gobierno con cuantas trampas, golpes encubiertos (anticonstitucionales) y lo que sea menester. Lo sabe todo el mundo. Y lo conocen en la CE, en el BCE y en el FMI (amén de los mercados), que se desdicen a diario de los acuerdos de la fecha anterior y demoran, ya sin excusas, las ayudas para salir de ésta situación de suspensión de pagos a muy corto plazo: 8,9 % de déficit público y 5.400.000 parados. Y el gallinero de la oposición haciendo patria al modo griego, a ver si así los rubios del norte nos colocan la soga al cuello y sacan a Rajoy de la Moncloa y al PP de las instituciones, que son suyas y solo suyas. Y el pueblo español que tome buena nota: la democracia solo sirve si son los socialistas, comunistas y separatitas los que dibuajn y ejecutan la hoja de ruta que lleve a España a su desaparición. El que quiera ver, que mire; y el que quiera entender, que piense.
Esa herencia no la levanta un ministro que grita lastimosamente en el Parlamento: “¡Que no hay dinero señoría!”. A esa “señoría” se lo vas tú a contar, que habla desde los escaños de los autores de la proeza del 8,9% de déficit y de los 5.400.000 parados. Y anda que les da vergüenza. Todo lo contrario: exigen, acusan y acosan desvergonzadamente a las “señorías” del PP, que tienen menos casta, arrojo y gallardía política que Godoy, Fernando VII y Romanones juntos.
Desde luego que Montoro (“¡Que no hay dinero, señoría!”) no es el Profesor Barea que mandaba a hacer puñetas a los ministros gastosos y le colgaba el teléfono al vicepresidente Rato. Ya no tenemos el patrimonio de empresas públicas de valor de 1996, sino empresillas de la mamandurria sindical y política, todas ellas en quiebra, por las que habrá que pagar para poder liquidarlas en lugar de venderlas y hacer caja.
Sobre las fuerza aliadas de la oposición (¡te vas a enterar, Rajoy!) conviene hacer una descripción pormenorizada, para que la gente que nos lee conozca nuestra visión del asunto éste que marea y angustia a la derecha del PP. Tenemos que sumarnos a la denuncia valiente, sin complejos, de personas como Pablo Castellanos (histórico socialista): ¡”Han saqueado el país!” .Y añadir que estos de Caperucita Roja y su abuelita (el PP de Rajoy) no son presa bastante a devorar para los lobos de la oposición variopinta. Oposición que no le aguantaría ni un cruce de guantes a cualquier fracasada Merkel, o así.
![maria antonia[1]](http://www.hispaniainfo.es/web/wp-content/uploads/2013/05/maria-antonia1-50x50.jpg)
















En relación con lo que se dice en esta miniserie de artículos ligeros, bajo el título de “España en suspensión de pagos”, he aquí un artículo de Julio Anguita, comunista de origen, que piensa por libre, que tiene criterio propio y que anda buscando el encuentro y el acuerdo con mujeres y hombres de toda procedencia, para elaborar juntos respuestas concretas a los desafíos concretos de esta sociedad, que ha entrado en un estado de cosas hasta ahora desconocido, que muy pocos se atreven a encarar porque son más cómodas las posiciones horizontales de “que piensen ellos”.
Qué gran contraste entre la posición y la actitud de Julio Anguita y las posiciones y las actitudes de los espectros execrables del comunismo estalinista que encarnan personajes como Cayo Lara, Gaspar Llamazares, o esa figura cumbre del esperpento de la izquierda española, Gordillo, del que hablar siquiera rebaja la categoría de quien lo hace. Personaje esperpéntico (en compañía de los cincuenta que le siguen) que sólo puede cobrar notoriedad en una sociedad tan deteriorada como la nuestra. (esperpento: “Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza”).
Personajes sacados de los fondos más ultras y remotos de la España que todos quisiéramos olvidar; espectros siniestros de un pasado de odio, checa y paredón, en el que habría que incluir con todos los deshonores a Santiago Carrillo. Vientos de olor a naftalina e imágenes en blanco y negro de la España tísica de hace más de setenta años.
Creo que Julio Anguita tiene en común con nosotros (los que venimos a Hispaniainfo) ese deseo sincero de buscar la verdad y la justicia contra todo sectarismo, rompiendo con la dependencia de los prejuicios ideológicos que tienden a anquilosarnos en dogmas que no los son, y a encerrarnos en compartimentos estancos que aseguran la inutilidad más absoluta para nuestros respectivos proyectos de transformación profunda de las estructuras económicas, sociales y políticas vigentes.
El verdadero desafío de esta España venida a menos por la triple división que señaló José Antonio: la partitocracia (dictadura de la cúpulas de los partidos); la injusticia social (la explotación ahora del hombre por los mercados que controla una minoría de plutócratas); y la cerrazón de los nacionalismos que niegan el proyecto de unidad superior de los hombres por encima -y aún a costa- de los límites minimalistas de fronteras inventadas, que es preciso hacer saltar para buscar la integración de las personas en unidades de convivencia cada vez mayores, más abiertas y ambiciosas. Y es que solo existe una raza y un pueblo único: los hijos de Dios. Así lo afirmamos los que tenemos una concepción cristiana del mundo y de la Historia. Y sin desmerecer en nada el compromiso personal que esto comporta (precisamente por ello, conviene subrayar) podemos y debemos buscar el encuentro y hasta el acuerdo, en la medida y forma que sea posible, con las persona que desde otros presupuestos ideológicos miran hacia el mismo horizonte.
¿Utopía? No, porque eso mismo se propuso hace veinte siglos, y sigue valiendo hoy, ayer y siempre. Toda crítica honesta a esto que se expone (y se propone) es digna de respeto y de debate. Por lo que a nosotros los falangistas de José Antonio corresponde, más nos vale recordar que la Falange se hizo para los puestos de vanguardia, para el ataque en el debate de las ideas, no para la defensa conservadora de posiciones que no son nuestras.
Bueno, pues esto dice Julio Anguita:
“Los juegos olímpicos, la ola de calor y la plaga de incendios forestales están siendo unos lenitivos para la preocupación e inquietud que sacude a la mayoría de la población española a consecuencia de situaciones personales sin presente, sin futuro y sin perspectivas razonables de que se solucionen o al menos se mitiguen.
Son éstos unos días en los que nos sumergimos, y nos sumergen, en un dulce nirvana hecho de imágenes de emulación deportiva y competitiva. Unos días que se beben con fruición porque se es consciente de que el horror no ha hecho sino empezar.
Mientras tanto, en un segundo plano informativo, se van preparando los andamiajes y la parafernalia verbal de un asalto que puede ser el definitivo. Mario Monti ha echado un capote a Mariano Rajoy para que venza la resistencia, real o supuesta, a acatar el rescate que ya está decidido por los dioses: “Hagamos la petición al alimón”.
Un rescate que llevará aparejado las medidas y contrapartidas que el prestamista impone en estos casos. Entre récord y récord batido, el BCE ya ha emitido su veredicto: los salarios deben bajar en España y las relaciones contractuales entre trabajador y empresario deben ser más fluidas. Lo que viene llamándose recesión es ya una depresión con carácter endémico y estructural. En consecuencia, la rueda infernal de depresión, pérdida de ingresos fiscales inherente a esta situación y el mayor déficit causado por una mayor necesidad de gasto para prestaciones sociales, so pena de entrar en un conflicto social fuera de los canales representativos, se plantea como el marco en el que la llamada rentrée tendrá lugar.
Queda muy poco tiempo para abordar una cuestión clave: las soluciones no pueden venir por un cambio en la titularidad del Gobierno o por un sucedáneo de Gobierno de concentración. Es una cuestión de cambio de modelo que comienza por una dolorosa, pero necesaria, recuperación de la soberanía monetaria. Éste es el debate; lo demás, a mi juicio, puro escapismo.
Julio Anguita. Excoordinador general de IU.
Camarada director:
Hay que distinguir, de una parte, la linea ideológica de esta página, que se manifiesta en los artículos doctrinales, en los que se estudian los elementos ideológicos fundamentales, la ética y el estilo falangistas, y de otra parte, los artículos como éste de opinión sobre los asuntos de la política cotidiana. Sobre estos asuntos caben puntos de vista muy diversos, porque son, en gran parte, materia opinable, discutible, siempre susceptible de revisión y de llegar o no a juicios coincidentes.
Hay dos extremos que, a mi juicio, han de evitarse. Uno, encorsetar la materia opinable en el dogma ideológico que la reduce al pensamiento único en asuntos que no tienen la condición de fundamentales.Y dos, relativizar los valores y principios esenciales del cuerpo doctrinal joseantoniano, dándole un significado indeterminado que los niega como tales.
Entre el pensamiento único, hasta para dar la hora, y la dispersión ideológica hasta el relativismo del todo vale, hay un espacio amplio que merece la pena determinar y cultivar. Con la integridad del cuerpo doctrinal de la Falange, ni una broma; con la rigidez y limitación de la libertad para opinar de una u otra manera sobre materias opinables, ni una sola señal de prohibido.
Así actuó el Fundador de la Falange, cuyos elogios o criticas a determinados personajes de la época provocaros urticaria en algunas pieles en exceso sensibles, según sus fobias o filias personales, cuando no simples prejuicios o manías.
El autor de este artículo (servidor) ha debatido con Ceferino Maestú sobre la admiración y simpatía de José Antonio hacia Indalecio Prieto, que el primero (el mismo servidor) considera fruto de la generosa ingenuidad de José Antonio (el bueno piensa que todo el mundo lo es, porque se mira en ellos como en un espejo; y el malo, al revés); y Maestú piensa lo contrario, y lo tiene escrito en uno de sus libros. Y no pasa nada. Ni se revisa el pensamiento de José Antonio ni se limita la natural forma de entender comportamientos y actitudes de personajes como Indalecio Prieto. Y es que la figura de éste y su ideología no forman parte del cuerpo total de doctrina de la Falange, ni nada que se le aproxime, o lo que es lo mismo, es materia opinable y discutible.
Ahí estamos, querido director. Siempre a tus ordenes.
Hoy la prensa internacional se hace eco de las hazañas esperpénticas de Sánchez Gordillo y sus veinte seguidores. Esperpento nacional que trasciende a los medios extranjeros, tratando de crear una imagen de España que ya califican de situación de “indigencia nacional”.
¡Menuda tropa! Esto sí que es un cachondeo, y no la justicia, que decía Pacheco.
Charanga, pandereta, Sanchez Gordillo. Llamazares y Chiquito de la Calzada. Eso es vender la imagen de España con ta debida profesionalidad; y no lo del Director Comercial oficial del asunto, con la caza de elefantes en el sur de África. O entre los dos líderes sindicales del pesebre, invitados a la Zarzuela por aquello del borboneo famoso, que llevó a un par de antepasados del citado Director Comercial de la marca España por la senda del exilio.
¡Ay, Señor, qué tiempos! Y no hay dos sin tres: “tres banderilleros sobre el redondel”. Os juro por el rey Arturo que yo no había visto nunca antes nada parecido: España convertida en una historieta de aquellas del TBO.
Y los buitres de los mercados mirándonos muy fijos desde lo alto de la roca más alta de la montaña. Con un ruido de carroñeros menores que hacen un coro insufrible: urracas, cornejas, cuervos y otros de tamaño y plumaje diversos.