José Antonio fue demócrata
Lógicamente, el pueblo español identifica a la Falange como partidaria o protagonista principal del régimen totalitario, unipartidista, autoritario, que se implantó durante muchos años. No será tarea fácil despojar el recuerdo vivo de un nombre colocado en la puerta de todos los pueblos y ciudades, con unos símbolos y una canción.
Pero, nosotros, que pretendemos ser leales a José Antonio Primo de Rivera, sabemos que eso no es lo que él pretendió. Y que no estaba contra la Democracia pero sí contra la falsedad.
José Antonio fue diputado en el parlamento de la República y ganó, en él, el respeto general.
José Antonio creó un partido político y participó, mitin tras mitin, en la campaña electoral
En Marzo de 1935, el “Arriba” recogía en sus páginas unas instrucciones del Jefe Nacional, ante las elecciones de 1936: “En esa lucha, la Falange no se considerará afín a partido alguno de derecha ni de izquierda, por entender que unos y otros descansan en visiones incompletas de la vida española”.
Eso mismo podría decirlo hoy cuando todos los partidos adoptan posiciones conservadoras o chapuceras ante la problemática de un país con seis millones de familias condenadas por el sistema capitalista a la miseria y el hambre.
José Antonio, también en el “Arriba”, dijo: “Tanto derecha como izquierda se entremezclan y se contradicen porque, ambas, se han vuelto de espaldas al espíritu fundamental de los principios”.
Y, en Junio de 1935, matizaba: “Los diputados… tienen un fin y esto fin es conseguir que sus caciques amigos manden en sus pueblos, necesarios para mantener su eficacia electoral, y viviendo del presupuesto del estado, a costa del mismo, para seguir preparando nuevas e inéditas jugarretas y zancadillas”.
Antes, como ahora, cuando unos y otros se la juegan , pensando en el poder a ganar o ya conseguido, sin proponerse soluciones reales a los problemas que no parecen afectarles, aunque sí a millones de personas del pueblo a quien dicen representar y servir.
En otro artículo el Jefe Nacional, elegido, denunciaba:
“Lo que no tiene cura es el sistema de partidos. Lo hemos visto reiteradamente en la sucesión de ensayos que nos ha tocado soportar y vamos a verlo de nuevo, con ocasión de las próximas elecciones.. No hay política posible… si cada dos años se pone todo en revisión con motivo de unas elecciones”.
Ahora estamos asistiendo nosotros al espectáculo de quienes gozan del poder sin soluciones, alegando que los otros lo hicieron mal.
Y los vencidos tratan de vengarse creyendo que todos somos tontos y la memoria histórica se refiere solo al periodo trágico de los años 30.
Esa es la política que José Antonio y sus leales rechazamos, porque los partidos no aúnan esfuerzos en la solución de los grandes problemas, colocando, en primer término, sus pequeñas rencillas.
El “demócrata” Stalin, partidario de una democracia de “izquierda”, hacía elecciones en las que solo podía votarse a los suyos. Franco también hablaba de democracia orgánica en la que todos eran “elegidos” a dedo. Ahora, lo que padecemos está gritando a voces su fracaso y la necesidad de cambios, de reformas.
José Antonio Primo de Rivera, al leerlo y recordar lo que fue, nos está exigiendo que abramos las puertas a un programa político que supere tanto fracaso como el que sufrimos en España.
La crisis no debe solucionarse restableciendo la situación anterior para que, dentro de unos años se repita. Y la empresa laboral tiene que ser como las cooperativas de Mondragón, que un curilla de pueblo se sacó de la manga. José Antonio Primo de Rivera las haría suyas, sin dudarlo, como ejemplo a seguir.
El que fue nuestro insustituible Jefe Nacional no era autoritario, antidemócrata, sino que quiso defender el derecho del pueblo español a decidir, por si solo, la solución necesaria de Justicia y Libertad.



















Buen intento admirado y querido Ceferino, pero esto ya va por otro camino. En noviembre de 1934 José Antonio escribe la “Carta a un militar español”. En mayo de 1936 escribe “Carta a los militares de España”. ¿José Antonio demócrata? No. Ni viene a cuento ni falta que hace.
Muy inteligente la observación. Saludos
“Como dicen los gallegos” dices tu a menudo, Restituto. Como dicen los bercianos, deberias decir mas bien, primos hermanos de los gallegos -mas aun que los asturianos- y mas gallegos a veces que los gallegos
Un cordial saludo, Restituto
Quería una democracia sin partidos políticos
Como dicen los gallegos, “depende”. El ultimo José Antonio no habla de una democracia “sin partidos”, sino “sin milicias”, lo que implicaría la disolución de la primera línea de FEJONS:
“Salida únca:
La deposición de las hostilidades y el arranque de una época de reconstrucción política y económica nacional sin persecuciones, sin ánimo de represalia, que haga de España un país tranqulo, libre y atareado.
Mi ofrecimiento: …3. Disoluión y desarme de todas las milicias. La existencia comprobada de grupos organizados militarmente hará recaer la responsabilidad sobre las asociaciones o partidos con los que mantengan relación notoria”.
Carpeta 4.-documento 84.- Análisis de josé Antonio sobre los orígenes de la guerra y su idea para solucionar la situación creada”.
José Antonio era antiparlamentarista, que no es lo mismo que antidemócrata y si bien él no creía en la democracia de la Segunda República, porque aún siendo representativa no existía división de poderes, su doctrina se puede interpretar (sobre todo sus discursos y escritos de 1935-36, es decir su etapa final) en la búsqueda de una República aristocrática (entiéndase el término como “el gobierno de los mejores” y no una república de nobles, ni de gente con títulos), pero desde luego éstos deberían ser elegidos democráticamente. Estar contra la democracia española actual es ser antiparlamentarista.
Entonces, ¿qué era la democracia orgánica, entendida como altenativa al sistema de partidos, y que pretendía la participación del pueblo a través de sus cauces naturales, familia, municipio y sindicato? Creo que esta alternativa está esbozada en los puntos iniciales, que son obra de José Antonio, el cual nunca se declaró antidemócrata aunque cuestionó abiertamente el sistema liberal de la lucha de partidos por el poder. Hoy las propuestas de democracia orgánica tendrían una aplicación muy complicada y hay que buscar nuevos mecanismos de representación, pero eso de las minorías selectas está peor que complicado, está sencillamente enterrado en el cementerio de la historia.
Una democracia verdaderamente representativa y con división efectiva de poderes, es el sistema más altamente democrático al que podemos aspirar hoy en día, un sistema mayoritario plurinominal de listas abiertas.