Bien están los buenos pensamientos, pero resultan tan livianos como burbuja de jabón, si no los sigue el esfuerzo para concretarlos en acción. Gaspar Melchor de Jovellanos

Padre José María de Llanos…

padre llanosJosé María de Llanos, el jesuita con quien venía colaborando en tareas de apostolado religioso, me aconsejó que lo hiciera, y aún no se bien por qué… “Tu forma de ser encaja con la ambición de José Antonio de un hombre nuevo que compagine lo espiritual con el sentimiento militar”. Un hombre nuevo… me acordaba del hombre nuevo de San Pablo que tenía sentido para mí pero… “Puedes hacer mucho bien en el Frente de Juventudes, donde se conserva la pureza inicial de propósitos de José Antonio Primo de Rivera”. Aquellos muchachos repetían frases poéticas del Fundador, se confesaban y comulgaban, cantaban, adoptaban formas militares y convivían con la esperanza de la “revolución pendiente”. Y lo más importante: querían integrar en sus filas a los hijos de los vencidos en la guerra civil.

Eran buena gente y me sentí a gusto. Participe en acampadas y en marchas de montaña y reverdecieron mis antiguos propósitos de lucha política por la justicia social. Pasado el tiempo, el P. Llanos, mi amigo y confidente, me sugirió que había un grupo de universitarios, en la órbita de su dirección espiritual, que podrían agruparse en otra centuria juvenil aprovechando mi experiencia en el Frente de Juventudes de Madrid. Y fundamos la “Iñigo de Loyola”, que pretendía recoger también el mensaje de quiénes, desde los noviciados, seguían cantando:

– Fundador: sois Ignacio general de la Compañía real que Jesús con su nombre distinguió… la Legión de Loyola, con fiel corazón, sin temor enarbola la cruz por pendón.

Ramiro de Maeztu decía que en los Andes había oído cantar a un indio: Señor San Ignacio, Alférez Mayor, llevas la bandera delante de Dios…

Vinieron de otras centurias, César Ruiz-Ocaña, Vicente Royo, Manolo Muñoz, Ángel López Castelví, Benigno Rodríguez Alda, Fernando Fernández Mesa, José Ricardo Fernández de Velasco, Juan José Adán, y otros nuevos como Paco Carbajosa, Julio Fanconi, José María Pagola, José Mari Manzanares, Antonio Toral, Olañeta. Al final con Jaime Suárez, que había sido Jefe de Centuria en Zaragoza.; Pepe Bujeda, Salvador Gay, José Manuel García Roca, y Hasta Carlos Alonso del Real, más Miguel Sánchez Mazas, José Luis Rubio, Pablo Ortega, Alfonso García Noreña, éramos un grupo de hombres jóvenes y menos jóvenes en los que hervía la pasión juvenil por dominar el futuro de nuestro país. Y el Padre Llanos nos dio su bendición. Nos unía a todos el profundo sentido religioso, la apertura al mundo de la cultura moderna a partir de Ortega y Unamuno, de Machado y de Maeztu. El deseo de una profunda transformación de la sociedad española , de justicia social. Y la voluntad de rescatar el acervo poético y revolucionario de José Antonio Primo de Rivera y de cuanto creyeron en él… (La vida que viví con los demás, pp. 73 y 74, Ed. Plataforma 2003, autor: Ceferino Maestú)

10 respuestas a Padre José María de Llanos…

  • Pingback: Julio Anguita: ¿esbirro de los jesuitas? | batallaespiritual

  • DLO dice:

    No considero que el P. Llanos fuera un esquizofrénico, simplemente que hay una cosa que se llama “perseverancia final” por la cual tenemos que orar cada día pues no somos merecedores de ella sólo por nuestras obras. Cito de memoria pero creo que fue san Francisco de Asís quien dijo: “no me consideréis santo hasta mi muerte, pues en cualquier momento de mi vida podría irme con una meretriz”.

    • Servideo de Aguaín dice:

      En aquellos años de “Forja” era tal el talante marcial y patriótico del padre José María de Llanos, y tan acusado el religioso y ascético de Luis Pinilla Soliveres, que sus camaradas educandos gastaban la broma de cambiarles la “graduación”: el comandante Llanos y el padre Pinilla, les decían.
      Respecto del carácter del padre Llanos, seguramente agriado por su dolencia de estómago, eran sus propios compañeros de la S.J. quienes advertían que, siendo la Iglesia su cuerpo místico, era Llanos “la vesícula biliar del cuerpo de Cristo”.
      No debió ser persona de trato fácil, sino muy exigente.

    • Galán dice:

      Cierto. Tanto como lo del lago helado o la zarza llena de espinas a lo que hubieron de acudir dos santos muy conocidos.

      Pero no sólo es el “sexto” (que lo es) el que debe preocuparnos, porque no es el más importante, aún siendo la puerta que abre a mil opciones del mal. Las meretrices apenas son ya nada en la oferta de sexo que hay en el mercado, muy variada y de todos los colores (de ahí la bandera “arco iris”). Son siete los capitales. No hay que olvidar los de omisión. Hubo un santo de altar que dijo aquello de que él mismo era capaz de todos los errores y de todos los horrores. Estamos hechos de un material muy frágil, que se rompe a la primera. Por eso hay que perseverar en la lucha personal por hacernos cada día un poco mejores. Y así hasta el final, como muy bien dices. Entre otras cosas porque se suele llegar a la muerte conforme se ha vivido. Por eso dices con acierto “que hay una cosa que se llama “perseverancia final” por la cual tenemos que orar cada día pues no somos merecedores de ella sólo por nuestras obras”. Gracias no nos faltarán, si no nos negamos a recibirlas, y mejor si las pedimos.

  • DLO dice:

    El inefable Fernando Muniesa nos cuenta lo siguiente:

    “Forja” fue una obra del catolicismo militar que surgió durante el curso 1948-49 en el “Colegio Preparatorio Militar” de la Asesoría Nacional de Educación Premilitar del Frente de Juventudes, dependiente de Falange Española, encargada de captar vocaciones militares para su ingreso en la Academia General, lógicamente en el espíritu de la falange juvenil. Sus impulsores fueron el entonces capitán de Infantería Luís Pinilla, director del Colegio, y el sacerdote jesuita José María Llanos,capellán de la organización falangista. En su libro “El Ejército Español durante el franquismo”, Mariano Aguilar hace una breve alusión a “Forja”, situando su nacimiento en septiembre de 1951. Pero, en realidad, esa fecha se corresponde con la primera reunión de “Forja” en su vertiente política celebrada en un parador segoviano próximo al castillo de Coca. En cualquier caso, la denominación formal de “Forja” aflora en la segunda etapa del Colegio, cuando, tras ser desautorizado por la autoridad militar en 1959, Pinilla lo reinstala de forma privada en la Colonia de Los Ángeles, en el extrarradio madrileño de Campamento. La ideología de “Forja”, de corte seglar combativo, personalizada en el estereotipo del “monje lobo”, incorporaba la ortodoxia falangista de José Antonio Primo deRivera (en su ideario se admiraba su “gallardía juvenil” y su “aristocrática exigenciade estilo”), mientras su praxis académica trascendía la mera preparación técnica para conformar, a posteriori, una gran familia sectaria y semiclandestina, con juramentosy ceremonias secretas. En similitud con la organización del Opus Dei (el referente a superar que entonces distinguía entre sus miembros oblatos, supernumerarios y numerarios), el activismo religioso de aquella emergente orden militar, disponía de tres niveles de entrega: las escuadras de “Acción” y de “Forja” y la “Milicia de Cristo”, compromiso este último nacido del idealismo reaccionario de Luís Pinilla como elite creada bajo la forma eclesial de Asociación de Fieles (“Pía Unión”), que aspiraba a practicar “el grado heroico de la milicia” y que exigía profesar los votos evangélicos de pobreza,obediencia y castidad, con objeto de poder alcanzar, finalmente, alguna suerte de ordenación sacerdotal.

    El Ejército llegó a ver en “Forja” un germen de politización y un intento de quebrar la unidad militar y su línea de mando natural, razones por las que, siendo jefe del Estado Mayor Central el teniente general Antonio Alcubilla, en 1959 se ordenó la clausura de sus actividades formativas (en aquel momento se contabilizaron oficialmente como miembros de dicho movimiento 4 capitanes, 59 tenientes y unos 60 cadetes). A pesar de ese contratiempo, Luís Pinilla recondujo su academia de preparación militar, ya conocida en los medios castrenses como “La Peli” (o peligrosa), a un nuevo centro de carácter privado bautizado formalmente como “Forja”, que en apenas dos años fue cerrado de forma definitiva. En paralelo con la inhabilitación de “Forja”, el núcleo ideológico de la organización se refugió en la revista “Pensamiento y Acción” (del Apostolado Castrense de la IV Región Militar), editada en Barcelona con el respaldo de Acción Católica, y que, tras abandonar la línea integrista e iniciar una nueva época en enero de 1960, también fue prohibida por la superioridad en julio de 1961. El motivo no fue otro que el desviacionismo que, desde sus páginas, se insuflaba de nuevo en las FuerzasArmadas. No obstante, Julio Busquets, que fue miembro de “Forja” y después de la UMD, y que alcanzó gran notoriedad en 1977 al ser elegido diputado por Barcelona integrado en la lista del PSOE, afirmó de forma errónea que aquel cierre se produjo por publicar una recesión favorable de la novela histórica de José María Gironella titulada “Un millón de muertos”.Desde el colaboracionismo más identificado con el régimen franquista, el jesuita José María Llanos, hijo de un general de Infantería, protagonizó una transformación ideológica radical, llegando a convertirse en auténtico estandarte del “sacerdocio-obrero” y del diálogo “cristiano-marxista”, con una participación política muy activa y ciertamente enfrentada a sus propios orígenes. Con él colaboró el capitán Javier Calderón en la década de los años 60 como psicólogo y profesor de Educación Física del “Centro de Educación Secundaria y Formación Profesional 1º de Mayo” que el padre Llanos dirigía entonces en el arrabal del Pozo del Tío Raimundo, en el distrito de Vallecas (Madrid).

    Por su parte, Luís Pinilla evolucionó también de forma pendular desde el falangismo y el nacional-catolicismo más ortodoxo hasta el cristianismo social, que al abandonar la carrera militar terminó practicando plenamente en la “Comunidad Misión de Juventud”, creada por él mismo en el también barrio obrero madrileño de Villaverde Alto, tras el cierre de “Forja” y por influencia del propio Llanos. De éste singular jesuita, Pinilla llegó a pedir ante la Santa Sede nada menos que su canonización, pasando antes, entre otros avatares, por el oportunismo de alentar “desde la barrera” a la UMD, movimiento del que fue auténtico impulsor, aunque el protagonismo público lo asumiera el comandante Luís Otero como militar de mayor graduación directamente implicado.”

    • Servideo de Aguaín dice:

      Creo que estos recuerdos de Blas Piñar complementan lo que tan bien ha aportado DLO:

      “Cuando iba a dar comienzo a lo que ahora escribo, un estado personal de alarma detuvo el bolígrafo; y lo detuvo , sin duda, para que pudiera pensar en lo difícil que es conseguir una visión comprensible de mi contacto y relaciones con el P. José María Llanos Pastor S.J. Esos contactos y relaciones que, lógicamente se enmarcan en su biografía y en la documentación escrita que obra en mi poder, revelan que el famoso y controvertido jesuita debió tener dos personalidades, no solo diferentes, sino contradictorias, y tan opuestas que da la impresión de que estamos ante dos hombres distintos.
      Buscando la razón de esta doble personalidad, creo no equivocarme al decir que tuvo su origen en una desgarradora batalla interna, y, como él mismo confiesa a José Antonio Abarca Escobar, “fisiológica y psicológica” (“Disculpad si os he molestado” Edit. Desclèe de Brower .Bilbao 1.991, pag. 16)
      Esta lucha íntima que le llevó a cambios radicales de ideología y de comportamiento religioso, patriótico y político, le hizo pasar de una entrega total, generosa, sacrificada y proselitista por algo, a la crítica de ese algo.
      El cardenal Tarancón, en su prólogo al libro de Juan Abarca Escobar escribió que la vida del P. Llanos, “muy llena y un tanto azarosa le convirtió en signo de contradicción”, añadiendo “que algunas de sus actitudes han podido sorprender y escandalizar por ser imprudentes y hasta heterodoxas”.
      El propio P. Llanos, luego de autocalificarse de “ulceroso, herniado y deprimido”, en un trabajo, escrito en 1.982, titulado “Confidencias”, dice: “he vivido deprisa, intensamente deprisa, de tanto hacer y deshacer “, (pag. 16); “y …. siempre cansado, siempre buscando, siempre insatisfecho de mí” (pag 58) “en un estado de depresión bastante acusado” (pag 59).
      De la documentación de que dispongo, y especialmente del libro que acabo de citar, y del trabajo del propio P. Llanos, “Confidencias”, traigo a colación, como más significativas de su cambio radical, tres vertientes, la religiosa, la patriótica y la política.
      En la religiosa, destaca la fundación de “la Milicia Española de Cristo”, en la que se ingresaba con la camisa azul y haciendo los votos de pobreza, obediencia y castidad, para más tarde entender que el celibato, para ser sacerdote, debería ser opcional, que en el futuro las mujeres podrían ser sacerdotes, que aplaudía la desaparición de la sotana y que el alba y la casulla, para decir Misa, era un disfraz. Después de hablar de una “primavera de mártires” y de la “juventud de España a los altares”, sostuvo que “lo que podía hacer Roma… es un silencio discreto (porque) no era tan necesario subir a los altares a tan buena gente”, como a sus hermanos Manuel y Félix asesinados por los rojos.
      Parece ser que fue propuesto para obispo y él mismo confiesa que organizó, aunque no participó, en el asalto a una sinagoga y que organizó y participó en manifestaciones, algunas poco pacíficas, por la Gran Vía.
      En lo patriótico, hemos de recordar su libro “Nuestra ofrenda”, (Edit. “Apostolado de la prensa”, S.A., Madrid 1.942) en el que recuerda a los jesuitas de la provincia de Toledo en la Cruzada Nacional, que en sus páginas 299 y 300 dice que “soñaba con el uniforme y la estrella, y la herida y la laureada y España y Franco“, y que luego de hablar de una Patria grande y de bendecir a España con el copón, se hizo ciudadano del mundo, y no de una “patria chica y desencajada”, reconociendo que en una ocasión se había pronunciado casi como un antipatriota, denunciando la existencia de un patriotismo católico.
      En lo político, el P. Llanos pasó de la etapa patriótica, durante la cual compuso un himno, del que extraigo esta estrofa:
      “En mi veja centuria me abracé con España,
      con su carne y destino, con su historia y su tierra
      me embriagó mi centuria con un vino de hazañas
      y es Falange española mi madrina de guerra”
      a sentirse avergonzado de haber sido falangista, a pesar de que antes se enorgullecía de su ideario joseantoniano y de que José Antonio fuera su mito.
      Con respecto a Franco, pasó de su entusiasmo por él, de darle ejercicios espirituales en el palacio de El Pardo, de destacar sus muchos valores naturales, tenacidad e inteligencia y de que con él, no solo no se metió nunca, sino que le defendió siempre, a llamarle milagrero y amable y seco, negándose a recibirle cuando fue a inaugurar el nuevo barrio del Pozo del Tío Raimundo, que sustituía al chabolismo, al que se había ido a vivir el P. Llanos, que rompió definitivamente con el Caudillo. Este preguntó por él y al advertir que no estaba dijo: “no nos quiere”.
      Sosteniendo que su falangismo fue siempre de izquierdas y que había entendido que también lo era el cristianismo, el P. Llanos acabó siendo comunista y de Comisiones Obreras.
      En Comisiones Obreras ingresó después de conversar con Marcelino Camacho (concretamente en el Sindicato de Artes Gráficas), pidiendo que en la lápida de su sepultura constase el número de su carnet, que era el 14.774.
      Santiago Carrillo le invitó y pidió que en las elecciones se presentara como candidato comunista. No aceptó, pero acudió a un partido de futbol con el puño en alto. Una fotografía se publicó en “El País”. El carnet del Partido comunista se le entregó en un acto, que como cuenta Juan Abarca en el libro ya citado (pag. 223) en el que estuvo presente Alfonso Carlos Comín, el primer comunista católico que había conocido y que influyó en el muchísimo.
      A Dolores Ibarruri, según el propio Abarca (pag. 250), la quiso mucho y la viasitaba cada quince días.
      Sintiéndose visceralmente comunista y cura rojo “recorrió media España haciendo propaganda de la compatibilidad del marxismo y comunismo.
      Es posible que contando con tatos méritos se le concediera la Medalla de Oro de la comunidad Autónoma de Madrid.
      Me ha parecido conveniente, que cuanto he escrito sirva para explicar las relación que personalmente tuve con el P. Llanos, al que conocí con motivo de unos Ejercicios espirituales que dirigió. Fue poco antes de que yo contrajera matrimonio. Nuestra sorpresa fue grande –la mía y la de mi mujer- al encontrarle en la estación den Atocha, donde nos despidió al partir en viaje de novios, el 24 de Noviembre de 1.944.
      No volvimos a vernos hasta cinco años después, en 1.949, año en que tomé posesión de la Notaría de Madrid. El P. Llanos era amigo de Manuel Hedilla y para ayudarle, al volver a la Península, luego de salir de sus prisión en Canarias, reunió a unas cuantas personas, entre ella a mí.
      El P. Llanos me puso en contacto con el Servicio Universitario del Trabajo, dependiente del Sindicato Español Universitario, y en 1.953 (no recuero la fecha exacta), se presentó en mi casa con un grupo de jóvenes profesionales, que me presentó, y que supongo pertenecían o habían pertenecido a las Congregaciones marianas. Me hablaron de fundar un Colegio Mayor para universitarios trabajadores. La idea me pareció excelente y me ofrecieron la presidencia del patronato, que acepté. El P. Llanos propuso que el Colegio llevara el nombre de su hermano Manuel, que había sido asesinado por los rojos. Después de argumentar que debía dedicarse a “Antonio Rivera”, conocido como el Ángel del Alcázar, el P. Llanos accedió y comenzamos a poner en marcha el proyecto, que realmente merecía la pena, aunque resultara muy costoso, ya que la construcción, en una parcela de la Ciudad Universitaria, corría de cuenta de los miembros del patronato. Después de muchos problemas, conseguimos quinientas mil pesetas de subvención oficial.
      El 12 de Enero de 1.957 se inauguró el Colegio en la calle Límite de la Ciudad Universitaria. El P. Llanos, capellán del mismo, ocupó una de las habitaciones hasta su marcha al Pozo del Tío Raimundo.
      No voy a contar –pues ya lo hice en “Escrito para la Historia” (Tomo I, cap. IV)- las vicisitudes por las que atravesamos; pero, entre ellas, me parece que debo referirme a los enfrentamientos con el capellán, explicables por esa batalla íntima a la que antes aludí.
      El primer enfrentamiento fue con motivo de los dormitorios de los colegiales. Por razones de austeridad quería que en vez de camas hubiera literas, cuando era más barato comprar camas, ya fabricadas y de dimensiones propias para instalarlas en las habitaciones.
      El segundo, que por las mismas razones de austeridad, decía el P. Llanos, no debería haber calefacción en el Colegio. Le dijimos que el ahorro de calefacción no evitaría que en pleno invierno los estudiantes-trabajadores, no tuvieran enfriamientos y pulmonías, necesitados de atención médica que les impediría trabajar y estudiar. Transigimos y hubo enfriamientos y pulmonías.
      El tercer enfrentamiento tuvo lugar cuando el P. Llanos propuso como jefe de estudios a un joven que había sido dirigente del S.E.U., que había vuelto de París, donde disfrutó de una beca, y que confesó que en París había perdido la fe.-
      El cuarto enfrentamiento, y el más fuerte, se produjo por el ingreso como colegial de un chico que acababa de salir de la cárcel, y que había sido condenado por ladrón. Alegaba el P. Llanos que se trataba de una obra de caridad. Yo encabecé la negativa, sosteniendo que la caridad había que tenerla con los colegiales, a los que poníamos en peligro de ser robados. El P. Llanos nos amenazó con su cese como capellán. Transigimos. A los pocos días de ingresado el nuevo colegial, robó a sus compañeros y desapareció. El P. Llanos se fue definitivamente del Colegio.
      Esta marcha definitiva no dio fin a mi relación personal con él, ya que en varias ocasiones fui a visitarle en su chabola del Pozo del Tío Raimundo. Nos cruzamos cartas. El P. Llanos, a pesar de haber afirmado, sin fundamento, que yo había estado contra Franco, unido a los monárquicos liberales, siendo muy de derechas, sin tapujos dijo también que me había querido mucho. Así lo manifiesta en el libro de Abarca (pag. 251) y en un artículo publicado en “El País”, el 21 de Septiembre de 1.980. También es cierto que, afirmando que yo era “un notario joven, abierto (y) cristiano”, dijo, sin aportar una sola prueba, que había llenado el Colegio Mayor Antonio Rivera de guerrilleros de Cristo Rey (“Cuadernos para el diálogo”, de 2 de Septiembre de 1.976)
      Ello no obstante, el afecto no desapareció. He aquí el texto de alguna de las cartas que me hizo llegar, y lo que escribió en “El País”:
      En carta de 2 de Enero de 1961 me decía:
      “Mi querido Blas: te pongo estos renglones para decirte que no estuve muy acertado en la última Junta. No quiero que mis palabras suenen a crítica de nadie que no sea yo. Si el Colegio llega a levantarse, a ti se deberá. El Patronato se ha reducido a ti, que tienes conciencia de responsabilidad. Yo no me olvido que os embarqué en este triste asunto, y tampoco me olvidaré que te has quedado tú dolo para resolverlo. Yo me siento incapaz y dudo muchísimo de la vigencia de la idea fundacional. En fin perdóname y que Dios os ilumine. Un abrazo”.
      Y en otra de 20 de Junio del mismo año:
      “desde hace años –lo habéis podido observar- he perdido la fe en el Colegio. Hemos ido… convirtiendo el Colegio en convivencia universitaria barata….¿Tiene salvación todavía lo poco que queda? No sé que responder”.
      En otra carta, fechada el 8 de Enero de 1.965, volvía a demostrarme este afecto:
      “Mi querido Blas: Dios te bendiga a ti y a los tuyos… No sé pagarte sino con la moneda invisible del viejo cariño y la oración… Se fiel a todo eso, a lo que eres fiel desde siempre”.
      El 28 de Septiembre de 1967, se volvía a demostrar su afecto:
      “No me olvido –mi querido Blas-, que fui yo quien te metí en este lio”;
      y en otra del día siguiente, que dirigió a todos los miembros del patronato, y, por consiguiente también a mí se expresaba con toda humildad y se manifestaba así:
      ”dada la situación de abandono de ese patronato, al que os invité hace tantos años, no puedo sino rogar, comenzando por entonar un confiteor”.
      Por añadidura el P. Llanos en su artículo, publicado en “El País” con el título de “Esquelas de un viejo”, de 8 de Julio de 1.977, hacía constar nada menos que lo siguiente; “para ti, Blas Piñar, hoy mito, ayer compañero de fatigas en las aventuras de los colegios mayores, gratitud además de memoria, gratitud porque, como siempre, confiesas tu fe con gallardía”
      Es mucho lo que podría ratificar el desdoblamiento personal, por razones fisiológicas y psíquicas, del P. Llanos, es decir, de su batalla íntima y desgarradora, y a su convencimiento de la compatibilidad del cristianismo y del marxismo; lo que es increíble como lo es hermanar en amigable convivencia al agua con el fuego o a la gracia con el pecado mortal.
      En todo caso, y para ser objetivos, hay que señalar dos cosas que han de tenerse en cuenta para ser justos, y que llaman la atención sobre el “contraste de pareceres” y el comportamiento del P. Llanos, a saber: que en cada una de las dos etapas contradictorias de su vida fue siempre leal consigo mismo, a sus estados de ánimo, que él confiesa, bien de cristianismo arrebatado y fervoroso, o bien de hastío y depresión. En uno u otro supuesto dijo la verdad cuando escribía que nunca había “deseado mal a nadie, ni avivado enemistad alguna, y doliéndole mucho haber hecho algo mal, corriendo a pedir perdón (“Confidencias”, pag. 21).
      Puedo dar fe del afecto que, a pesar de todo, me demostró el P. Llanos en algunas ocasiones como las siguientes:
      Llegó a mis manos un folleto que no obstante ser secretísimo, se había publicado, al menos, en la revista “Mundo Social” (nº 137, de 15 de Septiembre de 1.966) y en “A.B.C.”, de 14 de Febrero de 1.967. El folleto recogía las conclusiones de una Comisión Interprovincial de la Compañía de Jesús; conclusiones que ponían de relieve el distanciamiento y hasta el desagradecimiento al Régimen nacido de la Cruzada.
      Yo escribí un artículo manifestando mi opinión sobre el contenido del folleto, en “Informaciones”, de 4 de Febrero de 1.977, que tuvo consecuencias no gratas, una de ellas la carta que recibí del P. Luis González S.J., fechada el 9 de Febrero, y otra del P. Cipriano Torres, también jesuita, enormemente agresiva, a la que contesté con otra, el 21 de Junio del mismo año, en la que (párrafo 9) le decía: “Su carta es un verdadero latigazo de siete flagelos, uno por folio; y menos mal que me escribía después de una semana de forzado remansamiento. Si no se contiene, su carta hubiera sido una bomba atómica de no sé cuantos megatones”.
      Todo lo dicho es necesario para conocer que, tratándose del mismo tema, el P. Llanos reaccionó de otra forma. Antes de publicar un artículo en “Signo”, de Febrero de 1.967, sobre el famoso folleto, me pidió permiso para hacerlo. De este artículo copio esto :”Vd. ha aireado con su proverbial sinceridad (lo que ) sin duda constituye un pensamiento y preocupación de no pocos españoles, que bien merecen, por tantas razones, ser atendidos; gracias amigo Piñar, por ofrecernos esta ocasión en la que solo aspiro a afianzar nuestra vieja amistad”.
      Autorizándole a publicar el artículo, le decía: “puede publicar su trabajo sin el menor remordimiento de conciencia. Después de dos trallazos, por carta, de dos Padres jesuitas, la de Vd. me parece un bálsamo”.
      Soy testigo de esta súplica de perdón, ya que volando a Méjico, coincidí en el avión con los empleados de una empresa, que, por cuenta de la misma, viajaban en el mismo avión. Uno de ellos se acercó a mí y luego de preguntarme si yo era Blas Piñar, me dijo: “Yo estuve muy cerca del P. Llanos poco antes de su muerte. Me encargó que le visitara y le dijera, que en su nombre, le pidiera perdón por el mal que le hubiera hecho”. Me emocioné. No era para menos. Rechazar el perdón, no quererlo es malo, es un gesto de soberbia y orgullo. Pedir perdón lo es de arrepentimiento y de humildad.
      ¡Qué profundo sabor cristiano tuvieron estas palabras del P. José L. Urrutia, S.J. que ingresó en la Compañía de Jesús, después de escuchar las pláticas del P. Llanos en unos ejercicios espirituales en el colegio Chamartín, a fines de 1942. Son estas:
      “De las desviaciones que en los últimos años tuviera el P. Llanos, -con la tolerancia de sus Superiores- le habrá juzgado Dios que conoce los corazones. Pero al fin y a la postre también tantos actos meritorios de su vida religiosa, y los largos años primeros de su extraordinario y fecundo apostolado, ya se los habrá premiado para siempre jamás como solo saber hacerlo Cristo Jesús, a quien siempre intentó seguir”.

      • Servideo de Aguaín dice:

        La letra completa del himno de la Academia preparatoria militar del Frente de Juventudes que alentaba el padre Llanos pone música al asunto: música difícil de cantar, por cierto, pero hermosa, recientemente grabada por el coro San Fernando:

        “Las flechas de mi haz han florecido
        rosales de ambiciones,
        tan altas que los ángeles erguidos
        entienden mis canciones.

        Son mis sueños las armas y la muerte,
        la patria y el amor;
        la vida que me ha tocado en suerte
        se la he brindado a Dios.

        En mi vieja centuria me abracé a España,
        con su carne y su destino, con su historia y su tierra
        me embriagó mi centuria con un vino de hazañas,
        y es Falange Española mi madrina de guerra.

        Y vosotros mis fieles y buenos camaradas,
        que hicisteis el hallazgo de mi espada y estrella,
        en las salves aquellas junto al mástil cantadas,
        mis sueños izabais de soldado hacia Ella.

        Me esperan en cuarteles los hombres de mi raza
        que oirán lo que en mi escuadra de flecha yo aprendí;
        después la muerte hermosa y una Cruz que me abraza,
        después la guardia eterna y un desfile sin fin.”

        • Servideo de Aguaín dice:

          Y un recuerdo. Al viejo FES, probablemente mediando Maestú, le llegó de lleno la onda propagada por el padre Llanos de vivir la vocación política con alma de monje y paso de soldado. Y ya cuando éste se había ido a vivir al Pozo del Tío Raimundo, comisionó a tres camaradas para que se entrevistasen con él, en su chabola. Creo que fueron Pepe Cabanas, José-Lorenzo García y José-María Ovejero. Les recibió con cordialidad, pero haciéndoles ver que el camino que él había elegido era ya otro. Estos tres, estudiantes entonces, cortos de cuartos, tuvieron que pedirle para redondear el importe de los billetes de metro. O tempora, o mores!

  • Círculo Viriato dice:

    AZUL Y ROJO.

    Él, que llegó a ser capellán de la Falange, terminó sus días en el extremo político opuesto (?).

    “Es importante para desmitificar a los comunistas y ver que hay todo tipo de gente entre ellos”.

    Pese a su «cambio de bando» político, el Padre Llanos siempre fue un hombre respetado al que incluso Franco incluyó en una lista de «intocables».

    José María de Llanos ¡ Presente !

    • Romualdo Verona dice:

      Acaso quien vio en los fascismos el “puente sobre los bárbaros”, al encontrarlos arrastrados por la corriente de la historia, pensó que lo que convenía al momento era sencillamente hacerse bárbaro. Unos años más y hubiera visto cómo también la riada se llevaba por delante esa barbarie.

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