Enrique de Aguinaga
Los viejos camaradas
Por Enrique de Aguinaga.
¡Cielos! Los he visto en imágenes de periódico (ABC) como anuncio del nuevo libro de Jorge M. Reverte, La División Azul. Rusia, 1941-1944. Allí están Jesús Martínez Tessier, Joaquín Alba Santizo (Kim) y Dionisio Porres Gil. Como los encontré en la Redacción de Arriba, hace sesenta y cinco años. Hermanos mayores que venían de la guerra. Niño de la guerra, separado por diez quintas, los veía gigantescos, heroicos, pero (el pellizco) éramos camaradas, fumábamos de la misma cajetilla y ahora (guiño de la ancianidad), con tantos otros que tenía, somos viejos camaradas, Alte kameraden, que dice la jubilosa fanfarria alemana.
¡Tranquilo, Jordi! La marcha Alte kameraden la compuso Carl Teike en 1889 y se ha internacionalizado como himno de alegría. Su letra relata la reunión de viejos camaradas para pasar la noche cantando, bebiendo y celebrando el gozo de la fraternidad y de la vida. La amistad es lo único que cuenta porque no hay riqueza como la verdadera amistad. En otra estrofa dice: Alzad los viejos corazones porque el que siempre está alegre siempre joven permanece.
Me pueden trufar la historia con intenciones, alquimias, averiguaciones, aventuras, malicias e infraestructuras; pero lo que yo sentí, ya descolorido, intenso en su permanencia, fue la onda mágica del idealismo, la inmensa generosidad, la proclamación de la primavera, la torrencial alegría de los viejos camaradas que todavía me levanta de la silla cuando, ahora, en mi ordenador, veo y oigo a Heino cantando Alte kameraden en una gran plaza repleta de fiesta y optimismo.
Pienso en la gran hazaña y pienso en el espíritu de cualesquiera combatientes que no podían cantar aquello: ¡Qué bien se va, qué bien se va a la guerra, sin madre ni novia! La mucha edad, quizá, me conduce a prescindir de distingos, a ver la hazaña sin adversarios, como un cántico abierto, sin esquinas, donde se diluyen y subliman todos los ímpetus en marcha, por caminos innumerables, hacia el bien y la verdad, alegremente, siempre hacia el amanecer, como una noche de copas, abrazos y canciones, reunidos los viejos camaradas.
La Gaceta, 13 de marzo de 2011
Enrique de Aguinaga; Ismael Medina ya sabe
Publicado el 07 Feb 2011.
Por Enrique de Aguinaga.
En el Valle de los Caídos, una muchacha me aborda entusiasmada: ¡Ismael Medina! Le tengo que explicar que no soy Ismael (¡más quisiera yo!), que nos parecemos físicamente, que nos confunden con frecuencia y que realmente estamos confundidos (unidos íntimamente) en creencias y amores, de la misma edad, de la misma generación: la sacrificada, la perdedora generación intermedia.
Ismael ha muerto y, con él confundido, he muerto por mitad. Ha muerto en su Aranda de Duero. Como decía provocativamente, en su exilio (exsules filii Hevae). Más aún: en el exilio interior, en la filosofía del fracaso edificante, impávido, sin deserción alguna, idealista de la generación de la síntesis y, por si fuera poco, de la cofradía de los honestos de capirote.
Ismael se desangró escribiendo, como aprendimos en la misma escuela, en un periodismo de ideas, contrapuesto al periodismo de sensaciones. Ahí quedan su corresponsalía de Roma, su inmensamente generoso epistolario, sus informes exhaustivos, sus artículos flamígeros; es decir, su talento en folios y más folios. Extraigo del archivo Victoria también para los vencidos, publicado en Arriba, a doble página, en 1957. Un grito de sangre hermana, sin oportunismos, sin concesiones a derecha o a izquierda, como lo hemos querido, ni vencedores ni vencidos, desde la inteligencia proscrita.
La generación intermedia ha sido el eslabón necesario y negado, que se ha consumido dando luz (dum luceam peream), semilla que muere para la vida. Denle el nombre que se quiera, lo más probable, políticamente incorrecto. Alguien incurrirá en clasificar a Ismael según los casilleros vigentes. ¡Qué pobreza! Partidario, sí, de la persona y de todos sus valores, asumidos con espíritu de servicio y sacrificio, alegremente, hombre cabal y libre, que es lo mismo.
Hermano Ismael: ya sabes (ser capaz de Dios, dice Benedicto XVI). Se acabó el destierro (post hoc exilium). Aquí quedamos, hermanos, camaradas, amigos, compañeros. Nuestra sola cuita / son las desesperantes posturas / que tomamos para esperar. Concluye Machado: Mas ella no faltará a la cita.
Aquí hubo una guerra
Tenemos el placer de presentaros la primera colaboración de Enrique de Aguinaga, quien será un nuevo columnista de hispaniainfo.
Palabras de Enrique de Aguinaga en el acto de presensación de su libro “Aquí hubo una guerra. Otra memoria histórica. Otra antología”, en el Instituto CEU de Estudios Históricos, el 15 de diciembre de 2010
El anecdotario periodístico puntúa como la crítica teatral más breve
aquella que se atribuye a un diario de Nueva York:
Anoche, Fulano estrenó (aquí el nombre de la obra)
Y el crítico añade solamente dos palabras: ¿Por qué?
Con intención piadosa o con mala intención,
se me puede hacer la misma pregunta.
¿Por qué he escrito Aquí hubo una guerra?
No será por el beneficio, porque mi editora (Plataforma 2003) tiene la costumbre de no pagar al autor por concepto alguno , en tanto que otras editoras (Planeta, Plaza-Janés, Fenix, Actas y Encuentro) han considerado el texto intransitable.
Por qué lo he escrito se dice al principio del libro y se repite al final:
Lo he escrito como testamento, para mis hijos y para mis nietos.
Para que no crean que la fidelidad, la lealtad o la coherencia de su padre, de su abuelo y de tantos otros, hayan sido una pertinacia insensata.
También, para hacer una especie de examen personal de conciencia histórica, desde la libertad de la senectud
También, para promover la tesis de que, a partir de la guerra, en cuanto origen común, punto de partida y legitimación violenta, la Historia de España no tiene solución de continuidad, a pesar de todas las aparentes alteraciones.
También, para revisar la idea de que el llamado franquismo sea la suma de todo mal sin mezcla de bien alguno.
También, para intentar la objetivación y la racionalidad en el conocimiento de nuestra historia próxima, desde el sentido común y la información documentada y, así, empezar a explicar lo que no se explica en la Escuela, en el Instituto ni en la Universidad.
Sobre este cimiento, casi sin querer, me salen cuatro proposiciones: Guerra, Falange, Franquismo y Transición, tan apasionadas, tan necesitadas de ponderación, aunque se haga desde mi falta de autoridad, como restitución de la memoria olvidada, como cumplimiento del clásico aforismo del Derecho Romano: la cosa clama por su dueño
1. Guerra
Hay que aceptar la guerra (nuestra guerra civil) como fenómeno de instalación histórica, como la ha visto el catedrático Sotelo en la serie contemporánea:
Guerra de Sucesión, Ilustración;
Guerra de la Independencia, Liberalismo;
Guerra del 36, Modernidad.
Pieza del sistema Preguerra-Guerra- Postguerra, que no se puede desarticular.
Guerra victoriosa para quienes fracasan en el golpe de Estado.
Guerra declarada en 1934 por la subversión socialista y que sigue abierta hasta 1950, con un acoso generalizado (la retirada de embajadores es de 1946), con una invasión guerrillera y un férreo ajuste de cuentas de la sociedad (subrayo de la sociedad), constituida España como Reino (1947), Reino de España, como sigue en el epígrafe del permiso de conducir, que todos tenemos.
No hubo paz en el 36; hubo victoria, se ha dicho con reticencia para los vencedores. La verdad completa es que el adversario tampoco quería la paz; seguía queriendo la victoria.
Así, setenta años más tarde, los herederos de los perdedores, replantean la guerra, alegando la interrupción alevosa de la paz democrática y por el camino se olvidan de un cataclismo de 1936: agentes del Gobierno asesinan con premeditación y alevosía al Jefe de la oposición parlamentaria. Repito agentes del Gobierno asesinan con premeditación y alevosía al Jefe de la oposición parlamentaria.
2. Falange
Muy complejos y muy simplificados, el fracaso y la eliminación de Falange, que subyace como una impregnación positiva y de identificación no reconocida
Mi experiencia personal puede abrir pistas, particularmente en el capitulo dedicado al diario Arriba, con su estremecedor documento, que se publica por vez primera al cabo de cincuenta y cuatro años.
Algún día, lucirá la pureza de aquel espíritu azul, por encima de la basura Lo más limpio. Lo mas limpio, en palabra de Vicente Gallego, que fue el primer director del diario Ya[1]. Lo cuento en un libro de esta Casa y que acaba de salir: Los periódicos de
3. Franquismo
¿Se pueden borrar los periodos históricos, como quien borra un rotulo?
¿Existe el vacío histórico?
¿Hay que borrar de la Historia todo aquello que no nos conforme?
¿Es el franquismo un movimiento político social, como dice el diccionario o, como también dice el diccionario, un periodo? Un periodo que no tiene ideología propia, en cuanto larga marcha hacia la Monarquía, que se agota con la consecución del objetivo.
¿Qué sentido tiene hoy, la definición de franquista; es decir, partidario o seguidor del franquismo, si franquismo es tramite cumplido, antitesis de partido político con sus partidarios o seguidores?
¿En que cabeza cabe el franquista, partidario o seguidor?
¿De qué, para qué?
¿Para la restitución del franquismo, como si fuera un sistema en si mismo y no el proceso de la restauración de la monarquía parlamentaria como sistema constitucional, acordado por franquistas y antifranquistas, si se admite la terminología, impuesto ya el termino franquista como insulto y vituperio?
¿Cabe mayor dislate que la prohibición del franquismo?
¿Cabe esperar próximas prohibiciones de los reinados de Fernando VII, Carlos II o de algún visigodo?
Según una cotidiana, desproporcionada y equivoca publicidad, sexo es vida. Con la misma arbitrariedad se dice franquismo es muerte.
Sin juegos de palabras, a estas alturas, quiero hablar en términos conceptúales, prescindiendo de las piedras.
En la primera transición Juan Tomas de Salas (1982), escribía con desembarazo: Aquí hace falta ahora un instituto de estudios sobre el franquismo que nos ayude a todos a enterrar cristianamente a todos nuestros muertos[1].
De eso se trata y no de apedrearse otra vez.
Yendo a mi terreno, acabo de leer el último libro de Pedro Montoliú, compañero en la crónica de la Villa. Se titula Madrid bajo la Dictadura. 1947-1953. Trece años que cambiaron una ciudad. Viví intensamente, día a día, aquel periodo y me complazco en la minuciosa descripción de Montoliu. En sus páginas, no solo fluye la vida a chorros, con cualquier telón de fondo, sino que, según el autor, en esa vida están las raíces del presente. Automáticamente, en razón de continuidad, he evocado la guerra, descrita por Julián Marías: explosión de vitalidad.
4. Transición
Escribo o recopilo Aquí hubo una guerra, sin esquema previo pero con una tendencia a la periodificacion, que me conduce a una profusa y perfilada colección de textos, como antología razonada, como reacción personal en el punto critico de la Transición, que para mi no es tanto transición de dictadura a democracia, como transición de republica a monarquía, en cuanto que la dictadura, según lo anotado, tiene carácter transitorio.
Transición se opuso a ruptura y prevaleció. Esto es tan elemental como que no cabe condenar aquello desde que se transita y por tanto es origen, a no ser que se practique la freudiana muerte del padre[2]. La democracia española parece obligada a matar continuamente al Padre, escribe Esparza[3]. La obsesión es tan delirante que no solo se condena el pasado, sino también los vestigios del pasado, negación del principio de continuidad histórica que mantengo y que el catedrático de Ciencia Política, Ignacio Sotelo razonó con un axioma:
No hay hiato histórico en el 75.
En 1936 empieza una nueva fase de la España moderna en la que todavía nos encontramos[4], añade después; pero no todo el mundo lee Revista de Occidente.
Pedro J. Ramírez lo ha explicado
Ni Juan Carlos ni los demás españoles se acostaron franquistas el 20 de noviembre del 75 y se despertaron demócratas el 21. (…) Esta experiencia española ejemplifica e ilustra la tesis historiográfica según la cual los elementos de continuidad que configuran lo que Américo Castro denominaba “la morada vital” de un pueblo, es decir su cultura política, su Constitución no escrita, tienen en la práctica más importancia que el propio marco institucional de cada época[5]. El actual Estado constitucional es una emanación, por vía de la reforma, del Estado franquista [6]
Recordaré algunos síntomas, a titulo de muestra:
A partir de 1976 y durante veintiún años, hasta 1997, conviven, en el bolsillo de todos los españoles, monedas con la efigie de Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, y monedas con la efigie de Juan Carlos I.
La Casa Real (y cabe suponer que no lo hace por descuido) sigue utilizando en las grandes ceremonias los famosos Rolls- Royce de Franco, modelo Phanton IV, de 1952
Carlos Arias es presidente del Gobierno con Franco y con Juan Carlos I, entre los años 1974 y 1976.
Adolfo Suárez, Vicesecretario General del Movimiento (1975) con Franco y luego Ministro Secretario General del Movimiento y Presidente del Gobierno con Juan Carlos I, se dirige a todos los españoles pidiendo el voto afirmativo en el referéndum de la Ley Para la Reforma Política (14 de diciembre de 1976):
No significa, en absoluto, que ignoremos nuestro inmediato pasado. Significa que lo asumimos, pero que lo asumimos con responsabilidad. Significa que recogemos su herencia, pero la recogemos con la exigencia de perfeccionarla y acomodarla a las demandas actuales de la gran familia nacional (…)
La vigente bandera y el vigente himno nacionales, bandera e himno de la Monarquía de los últimos Borbones, símbolos reemplazados por la II Republica, fueron restituidos en 29 de agosto de 1936 y 27 de febrero de 1937, respectivamente, y así han sido bandera e himno de la guerra, de la postguerra y de la Transición, bandera e himno de España.
Por ley de la Jefatura del Estado, firmada por Francisco Franco, el 15 de diciembre de 1938, en plena guerra, se deja sin efecto la severa condena impuesta por la Republica a Alfonso XIII y a sus descendientes (26 de noviembre de 1931) y, a Alfonso XIII y a sus descendientes, se les restituye todos los derechos de ciudadanía y todos los bienes de que fueron despojados. Esta Ley de Franco nunca ha sido derogada ni afectada por memoria alguna.
Y, todavía, atolondrados rabiosos arguyen comparativamente que en Alemania no hay monumentos a Hitler.
Pa chasco, que diría un madriles: No hay monumentos a Hitler ni al Gran Almirante Doenitz que era el sucesor y no tuvo oportunidad de pronunciar discursos al efecto.
Sí.
Como escribía, Juan Tomas de Salas, hace falta un instituto de estudios del franquismo.
¿Quién sabe que Franco, en 1969, declara urbi et orbi que los principios del Movimiento no son inmutables? Yo no lo he visto referido en historia o historieta alguna del franquismo o del antifranquismo. Y creo que es importante.
¿Quién sabe que Franco, en aquel año y del mismo modo, anuncia que España debe insertarse en el mundo capitalista liberal? Yo no lo he visto referido en historia o historieta alguna del franquismo o del antifranquismo. Y creo que es importante.
¿Quién sabe que Franco, en 1971, requerido por el Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, le anuncia que, aplicada la Ley de Sucesión, en España advendrá el sistema democrático sin restricciones. Yo lo leí, un martes, un agosto, en un solo periódico, y no lo he logrado ver en ninguna otra Prensa, Radio, Televisión o Internet..
¿Me habré quedado sordo?
Algo sabe el sociólogo Amando de Miguel, a quien tanto aprecio y que, hace pocas semanas, declaraba:
Veo más continuidad entre el franquismo y la democracia de lo que yo mismo imaginé en su día[7]
Por eso, por eso, he escrito un libro titulado
Aquí hubo una guerra. Otra memoria histórica, Otra antología.
Por eso y para manifestar a todos ustedes mi efusiva gratitud por su emocionante presencia.
[1] ENRIQUE DE AGUINAGA, Aquí hubo un guerra., p. 305.
[2] JOSE JAVIER ESPARZA, “Franco. Una interpretación metapolítica”, en “Razón Española” (revista), numero 95, Madrid, mayo-junio de 1999, pp. 279-319
[3] IBIDEM,
[4] IGNACIO SOTELO, La España del año 2000, en Revista de Occidente, num. 77, Madrid, octubre de 1987.
[5] PEDRO J. RAMIREZ, “Franco, el Rey todos nosotros”, en “El Mundo”, Madrid, 24 de julio de 1994
[6] IDEM, en “La mañana”, COPE, 13 de junio de 2006.
[7] G. GARCIA, Entrevista. Amando de Miguel, sociólogo., en La Gaceta (diario), Madrid, 6 de septiembre, 2010.


















Pues a mí la Constitución que nos hemos dado los españoles me recuerda a paro, más paro aun en épocas recientes, depauperación progresiva de la clase media y todavía más de los sectores más desfavorecidos, deslocalización industrial, demolición de la Seguridad Social, incremento de enfermedades que se consideraba erradicadas, mileurismo, prohibición de homenajes de ciertos literatos por sus ideas políticas, cacerías de Jefes de Estado en tiempos de extrema crisis socio-económica…
Ante tanto ditirambo, ante tanta glosa adornada con palabras laudatorias y ante tanta mentiras, no tengo más remedio que protestar. Viví esos “dichosos años” que tanta ensalza y, saco de ellos, la vejación más grande de un pueblo, han tratado y tratan de vendenos una historia creada a su imagen y semejanza, la incivil guerra fue según sus postulados el renacimiento de nuestra maltratada Patria, vuelven la vista atrás para no saber nada de la depauperada vida de los españoles, de sus cárceles, sus hambres, sus fusilamientos, sus venganzas y sus arrogancias en aquellos años de plomo, donde un sublevado se hizo con el poder y secuestró a España durante cuarenta años. Implicar a Dios en la consecución de aquella España, es un ejercicio de cinismo y un insulto a la Divinidad.
El Dios, Patria y Caudillo, me recuerda la tisis, el piojo verde, los 100 gramos de pan las purgas de aceite de ricino y las mujeres peladas al rape paseadas por sus pueblos para jolgorio del “nuevo orden”. Seamos sensatos, han transcurrido más de setenta años y ya es hora de limpiar el solar patrio de tanto polvo acumulado.